8 de agosto de 2017

"Ánimo, no tengan miedo"

Hoy he visto en la Palabra de manera muy clara nuestra vulnerabilidad y las no pocas veces que caemos en la tentación de querer ser como Dios…

Después que Jesús había realizado el milagro de la multiplicación de panes y peces, a la madrugada siguiente, Él se acerca a la barca donde iban los discípulos, andando sobre el agua.  Los discípulos se asustan porque en principio pensaron que era un fantasma, pero Jesús les aclara rápido: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”.  No era la primera vez que los discípulos escuchaban la voz de Jesús.  No era la primera vez que Jesús les decía esta frase; que no tuvieran miedo.  A pesar de verlo caminar por las aguas, estoy segura que reconocían que ese que estaba frente a ellos, era el mismo que horas antes había hecho la multiplicación de los panes y los peces, el mismo que había curado y sanado a tanta gente, era su Maestro, el que habían reconocido ya como el Mesías. 

Pero Pedro le contesta:  “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua”.  El único que podía caminar sobre el agua, el único que tenía poder sobre el mar, era Dios, y Pedro lo sabía muy bien.  Pero cayó en la tentación; quiso ser como Dios. Y Jesús, Maestro por excelencia le da una nueva lección y lo invita a caminar, le responde con un sencillamente: “Ven”. Y Pedro comienza a caminar sobre el agua.  Y tan pronto sintió la fuerza del viento, tan pronto se dio cuenta de su vulnerabilidad humana, de que no podía caminar sobre el agua porque él no era Dios y el único que tenía poder sobre el agua era Dios…comenzó a hundirse.  Y es cuando lanza un grito de auxilio:  “Señor, sálvame”.

Jesús, una vez más extiende su mano, lo agarra y le dice:  “¡Qué poca fe!  ¿Por qué has dudado?”  Y muchísimas veces había interpretado esta parte del Evangelio, como que Jesús le lanza la pregunta de por qué había dudado de que él podía caminar sobre el agua y hoy creo que no es así.  Jesús le pregunta a Pedro ¿por qué dudó cuando Él les dijo que no tuvieran miedo?.  ¿Por qué Pedro, sabiendo que el único que podía caminar sobre el agua era Dios, por qué él, conociendo la voz de Jesús que les dice como muchas veces anteriores, que no tuvieran miedo, se atreve (porque fue un atrevimiento) a retarle y pedirle que si él era el Señor, que le hiciera ir caminando hacia Él sobre el agua? 

Yo creo que Pedro sabía perfectamente quién era Jesús, pero en su humanidad, cayó en la tentación de retarle, de querer igualarse a Él.  Pedro fue sencilla y perfectamente humano.  Hoy, me resta pedirle al Señor, que al igual que a Pedro me perdone por las ocasiones en que también he querido ser como Él y que siempre confío en que me agarrará de su mano y me dirá también: “Ánimo, soy Yo, no tengas miedo”.

Nancy Burgos, sc.

5 de agosto de 2017

La Transfiguración...hoy

              Las noticias tristes siempre causan en uno, una sensación lógica:  desánimo, tristeza.  Sentimientos que obligan a detener el tiempo, mi tiempo y orillan a reflexionar, quiera una o no en el sentido de la vida, en el valor de las cosas, en el por qué y para qué.  Son días en que no vemos claridad ni luz alguna y en las que las horas nos pesan y mucho…

              Sin embargo, como pasa siempre, la Palabra viene a iluminarme, y a levantarme.

              Esta mañana, en medio de mi decaído ánimo por la noticia de la muerte trágica de una familia, víctima inocente de la violencia existente en mi país; sintiéndome muy mal por la sensación de impotencia, indignación y tristeza, hice lectura y oración del Evangelio de la Transfiguración del Señor, fiesta que celebramos mañana en nuestra Iglesia.  ¡Bendito Dios que siempre estás y nos das lo que necesitamos!

              Me encontré con la escena de la subida de Jesús al Monte junto a Pedro, Santiago y Juan.  Y es curioso que el Evangelio comienza diciendo: “seis días después”, lo que me obligó a leer más arriba, a ver qué había pasado seis días antes.  Y fue para mí una gran sorpresa ver que el suceso anterior es el anuncio de la pasión de Jesús y la resistencia de Pedro.  Seis días antes, Jesús anuncia su futura pasión, y luego, lleva a estos discípulos a tener una experiencia gloriosa.  Como si nos quisiera decir que es imposible separar dos escenas pascuales:  el “Iluminado” que estaban viendo en el Monte era el mismo que sería, el Crucificado.  Dos momentos que se complementan:  de la muerte a la Vida, del dolor al gozo, de la muerte a la Resurrección.

              Al principio del Evangelio leo que los discípulos ven a Jesús envuelto en luz, en silencio, y solo aparecen dos personajes más:  Elías y Moisés.  Y es ahí donde Pedro dice que se estaba bien allí y que si el Señor quería, él podía hacer allí mismo tres tiendas.  Siempre me inquietó esa expresión de Pedro porque se coloca fuera de Jesús, Moisés y Elías.  Esta postura que asume Pedro en ese primer momento es el de espectador, él está viendo desde fuera, pero no se siente incluido…es curioso.

              Pero luego es que entiendo (nunca antes lo había visto así) que es en el segundo momento, cuando se oye la Voz de Dios que les dice: “Este es mi Hijo Amado, mi Predilecto, escúchenlo” que está el núcleo de todo.  Ya no es el centro de atracción la luz que envuelve a Jesús, sino que es esa Voz que confirma la relación de Jesús con Dios.

              Una voz que vino acompañada de una gran nube que los envolvió a todos.  Ya Pedro no está fuera, está dentro junto a Jesús y el Padre.  Y la invitación de Dios a “escuchar” a Jesús es lo mismo que invitarle a obedecerle.  Y ahí caen en tierra, asustados, como lo estarían luego de la muerte de Jesús, y es Él, Jesús, quien les levanta y les dice: “No tengan miedo”; ¡premonición de Pentecostés!

              La narración de la Transfiguración me da dos alternativas para vivir mi discipulado:  o me quedo como Pedro en la primera parte del Evangelio, de espectador, asombrado por los momentos gloriosos de Jesús, de sus milagros, de sus victorias, de sus grandes sermones, pero desde afuera, desde lejos, sin implicarme en su vida.  O, acepto escuchar la Voz del Padre que me invita a escuchar, a obedecer, a tomar una postura inclusiva y que me reenvía al verdadero camino, al del seguimiento de Jesús.

              Hoy, al igual que Pedro, siento que el Señor me ha tocado, me ha invitado a levantarme y me ha dicho que no tenga miedo.  La Palabra me invita hoy a recordar tantos momentos de gracia, de profunda alegría donde he experimentado mi vida llena de luz y transfigurada, para confirmar la opción de vida que hemos hecho por fe, y poder afrontar con serenidad y confianza los momentos duros y difíciles que nos toca pasar a todos. 

              Hoy en Puerto Rico, para mucha gente la realidad les está resultando muda, fría y nosotros como cristianos, estamos llamados a hacer posible que dentro de esa oscuridad podamos revelar y transfigurar el Rostro del Dios que siempre nos habla con un lenguaje lleno de Esperanza.
             

              

8 de marzo de 2017

8 de marzo, Día internacional de la mujer...

Acabo de leer la noticia en el periódico que lleva como título: “Las mujeres realizan manifestaciones por sus derechos”.  En la nota indican que debido a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, un grupo de sobre 100 féminas bloqueó esta mañana el acceso hacia el expreso Las Américas, en dirección de San Juan a Caguas, bloqueando específicamente la rampa de acceso de la autopista José de Diego hacia el Expreso Las Américas y que decenas de patrullas llegaron a la zona para intervenir con las manifestantes.

En la nota leí que la señora Blanco, portavoz del grupo, expresó que este grupo de 100 mujeres representa a todas las mujeres puertorriqueñas e indicó que “los reclamos van en contra de la Junta de Control Fiscal, contra el pago de la deuda, por la auditoría, y por el derecho de nuestros cuerpos, exigiendo un aborto libre, seguro y gratuito”, entre otras cosas.

Primero que todo, reconozco y respeto el derecho que tiene cualquier persona en este país a expresarse libre y públicamente sobre cualquier asunto; privilegio de vivir en un sistema democrático.  Yo también tengo el derecho de pronunciarme y como mujer cristiana me siento obligada a hacerlo.

No pretendo hacer cambiar de opinión, ni a usted señora Blanco ni a ninguna mujer que piense como usted.  Entiendo que nuestras expresiones son siempre el reflejo de lo que somos, de nuestra vida y de nuestra escala de valores.  Y no soy quién para cuestionar los suyos, ni los de nadie. 

Lo que sí me siento obligada es a señalarse su imprudencia y expresarle lo que me indigna sus expresiones porque no representan el sentir de la mayoría de las mujeres puertorriqueñas.  Al menos, a mí, usted, no me representa y siento que nos falta al respeto a muchísimas mujeres puertorriqueñas que no pensamos como usted.

Primeramente, me duele mucho ver el giro que ha tomado la celebración del 8 de marzo puesto que tengo entendido que el origen de la misma tuvo como finalidad el buscar mejores salarios para las mujeres y el derecho al voto en los comicios electorales de su país.  No tenía ninguna intención de reclamos ante una Junta Fiscal, reclamos de derechos sobre nuestros cuerpos, sobre abortos libres, etc.   

Por esta primera y sencilla razón no puedo estar de acuerdo con las actuaciones de este grupo de mujeres.  Están utilizando una fecha importante, de un origen muy noble y necesario de su época para manipular el pensar y sentir de nuestras mujeres, con agendas desconocidas y con ausencia de fundamentos.  Siento mucha tristeza de que un grupo de mujeres, (a Dios gracias ínfimo), se tome la molestia de salir a la calle a “reclamar sus derechos”, violentando el derecho de otros a tener un libre acceso a una carretera pública.  Qué pena que se tenga que recurrir a acciones provocativas, retantes e irrespetuosas para hacerse escuchar. 

Este grupo de mujeres quieren reclamar “igualdad” y que tengan los mismos derechos de los hombres, pero ¿cómo pedir igualdad con todos si no comenzamos a defendernos a nosotras mismas?  Si quieren tener libertad de realizarse abortos y no defienden la vida, si no defienden el derecho a nacer de miles de cientos de mujeres, ¿cómo se atreven a exigir igualdad de derechos con el hombre si no son capaces de comenzar a defender las de su mismo género? ¿Y quién defienden a las mujeres abortadas, asesinadas en un aborto? ¡Hay que comenzar a ser coherentes con lo que decimos señora Blanco.!

Por otro lado pienso que el valor de una mujer no lo determina la nómina en que pueda figurar, el salario que pueda devengar, no lo enmarca el ámbito social en el que logre moverse ni las posiciones sociales o políticas que pueda alcanzar.  El valor de una mujer está en la realización plena y sencilla de su humanidad, en actuar en libertad, conforme a la grandeza de ser hija de Dios.

Cuando he estado leyendo las noticias que nos ventilan ante el mundo entero como mujeres puertorriqueñas “valientes, decididas, en pie de lucha”, recordaba cuando una mujer de entre la gente dijo a Jesús: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”, Jesús corrigió: “Mejor, ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen! (Lc 11, 27 28).  Bendita corrección que sacó a María y con ella a todas las mujeres, del ámbito de la naturaleza y de la “función”, para pasarla al de la persona, es decir, a su verdadera dignidad que no le viene a la mujer por su capacidad de engendrar y parir, sino por la responsabilidad para dar una respuesta libre.

Con sus expresiones, señora Blanco, usted evidencia que se siente como una “desterrada hija de Eva”.  Está radicalizando su postura y corriendo el riesgo de convertirse en una feminista avinagrada con alardes de que puede sobrepasar al hombre.  Con su postura no consigue más que lamentaciones estériles que no conducen a ninguna parte.  Me demuestra usted que es una de esas profesionales tensionadas que entran con agresividad en el terreno de la competitividad para conseguir el poder.

No podemos convertirnos en mujeres culpabilizadas por no tener un trabajo mejor remunerado, por no alcanzar mejores posiciones dentro de una empresa.  Tenemos que cuidarnos mucho de fijar la mirada solo en lo que no hemos alcanzado aún, porque corremos el peligro de atrofiar la mirada y no ser capaces de descubrir todo lo que existe de calidad humana en las vidas de tantas mujeres; desde los cientos de amas de casa que arrastran el carrito de la compra y que llevan sobre sus espaldas el peso de la familia y la educación de los hijos, de tantas madres solteras que tenemos en este país, hasta las que, desde el campo de la teología intentan crear un lenguaje nuevo que nos recuerde a todos que “Dios no tiene sólo hijos varones…”

Corre usted el riesgo de ignorar a las mujeres que llevan trabajando desde los 9 o los 11 años y no han podido ir nunca a la escuela y que ahora, a sus 40 años o más, empiezan un nuevo aprendizaje, acuden a centros educativos o centros culturales, descubren lo que es tener amigas, comunicarse, ser creativas y cuántas cosas pueden hacer con unas manos que hasta ese momento, parecía que sólo estaban hechas para quitar suciedad y capaces de pronunciar una palabra que hasta ahora no escuchaba nadie.

Estas mujeres, no son mejores ni peores que usted.  Estas mujeres, todas, desde la que está tirada en una acera mendigando el pan que habrá de llevar a unos hijos, hasta ejecutivas como usted, elegantes, que se encuentran detrás de un escritorio organizando marchas, paros y manifestaciones “reclamando los derechos de la mujer”; todas somos hijas de un mismo Dios, dignas no por nosotras mismas, sino por el inmenso amor con que hemos sido creadas.

La invito a que eche una mirada a las mujeres que deciden comprometerse en las esferas culturales, políticas, sociales y/o públicas de nuestro país pero que son capaces de dejar atrás el modelo de “mujer bonsai”.  No se fije tanto en la víctima del alcalde de Guaynabo, que muy bien que ha sabido denunciar lo que para ella ha sido una violación a sus derechos, y fíjese más bien en que por estar tomando posturas mal llamadas de solidaridad con ella, no se han tomado la molestia de ni siquiera mencionar que este país se encuentra de luto precisamente esta semana por la pérdida de tres grandes mujeres:  Miriam Colón, Brunilda García e Iris Martínez.  Tres mujeres que defendieron su género de la mejor forma; siendo fieles a su identidad más profunda, mujeres que pusieron el nombre de Puerto Rico en alto procurando ser lo mejor en sus competencias, siendo coherentes con sus convicciones y dando testimonio de lealtad y amor por Puerto Rico. 

El nombre de ninguna de ellas apareció en las pancartas de las manifestantes de hoy, ni el de mujeres como Julia de Burgos, Sor Isolina Ferré, Nilita Vientós, Ana Roqué, Concha Meléndez, Ana G. Méndez, mujeres puertorriqueñas que nos hacen sentir orgullosas por sus grandes aportaciones.  ¿Por qué no “aprovechar”  estos espacios para resaltar nuestra imagen y no acentuar las carencias? De ninguna de estas grandes mujeres se habla porque no interesa, lo que se promueve es la lamentación, la queja y exigencia ofensiva para que nos miren con pena o miedo porque somos capaces de pararnos en medio de una autopista a gritar y paralizar el libre acceso. Me da mucha pena esta gesta tan humillante. 


Ojalá las mujeres puertorriqueñas tengamos el valor de ser como María, a ser “árbol de mostaza”, que tuvo fe en sí misma.  María, la Mujer más digna entre todas las mujeres, grande porque fue la Madre de Dios, pero más grande aún porque no tuvo necesidad de gritar, ni exigir, sino que optando por ver más allá de sí misma para dar vida a otros y en completa y total libertad dio un giro radical y definitivo que marcó nuestra historia.

9 de abril de 2016

Tercera aparición...

Siempre me emociona el sentirme mirada por Él, conocida por Él, acogida perdonada e invitada a seguirle.

Esta Palabra ha sido una vez más ocasión de encuentro conmigo misma, con Él y con los demás.  Y es maravilloso cuando mi oración personal trasciende y se hace vida con mi comunidad, con los míos, con aquellos que vibran como yo al acercarnos al gran Misterio.  Nada más cierto que lo que compartimos el domingo pasado con Tomás…los encuentros con el Resucitado se hacen palpables y reales cuando estamos en comunidad.  Y siempre es más rico.

Y cuando nos acercamos a Su Palabra, es como tocar un pedacito de Su Resurrección, es degustar la Alegría de la Esperanza…avistar una historia nueva.

Este Evangelio tiene muchísimos signos y matices.  Desde la primera oración del Evangelio…. Jesús se apareció otra vez…”

Otra vez y siempre…Su deseo de acompañarme, de acercarse, a pesar de que en ocasiones no le busco, de que le olvido entre “mis” cosas y otras ni siquiera intuyo su presencia.  Pero su deseo de estar en mi historia  es siempre más fuerte que mi desdén.

“Muchachos, ¿tienen pescado?  Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán.”
Se aparece una y otra vez ahí en medio de mi rutina, de mis asuntos.  Su preocupación por lo que me pasa, por lo que necesito se traduce en Presencia dulce, sosegada y lejos de posturas protagónicas.

Y en ocasiones, me pasa como a Juan, que en medio de una dificultad o de una tristeza grande, le descubro, le veo, le siento y es cuando recuerdo que en realidad, nunca se ha ido, siempre ha estado. Y su Presencia es tan intensa, tan única que no puede confundirse con otra cosa. “Es el Señor.”

Y es entonces que vuelve a arderme el corazón, porque al sentirme mirada y reconocida, es que soy capaz de reconocerle, de mirarle, de abrir el corazón y  dejarme amar.

“Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan”. 
La mesa está puesta; siempre lo está. Y tengo que reconocer con profundo dolor que no son pocas las veces que no llego a la fiesta.  Me presento al lugar del banquete, soy puntual, estoy atenta y dispuesta; pero a veces me ha vencido la sequedad del corazón. 

“Jesús les dice: Traed de los peces que acabáis de coger.”
¡De eso se trata!  Olvido que tengo acercarme a la mesa en actitud de gratuidad. Tengo que llevarle todo lo recibido, todo lo logrado porque todo es pura Misericordia, todo me ha sido dado y tengo que llevar mis pescados a la mesa para poder compartir Su pescado y Su pan.  No puedo llevar mis manos vacías al festejo. Y ahí está Jesús, preparando la mesa, el almuerzo y me invita; a estar con Él…

El Evangelio dice que después que comieron Jesús le preguntó tres veces a Simón Pedro si lo quería.  No sería una locura pensar que en cierto modo quería recordarle a Pedro las tres veces que lo negó.  Pienso que a Jesús jamás le movería un sentimiento mezquino; pero tampoco creo que fue una casualidad el número tres.  Es un signo de insistencia, de perseverancia, de confirmación.

He sido capaz de negarle, como Pedro, en medio del miedo, de la inseguridad.  He sido cobarde y le he dado la espalda.  Pero Él insiste, una, dos, tres veces (y muchísimas más) porque me conoce, y sabe que la Presencia de Jesús Resucitado me provoca seguridad, confianza, amor.  

El Evangelio menciona que esta aparición de Jesús fue la tercera.  ¡Otra vez el número tres! 

El Resucitado no se limita a aparecer tres veces.  Se me seguirá apareciendo siempre, para recordarme que está caminando a mi lado, que no se ha ido, que su Presencia es más fuerte que nunca, que me ama profundamente; a pesar de que yo sea capaz de olvidarlo, de no reconocerle o serle fiel. Se me acerca en cada hermano que comparte su Palabra conmigo, en mi comunidad, en mi familia, amigos.  Y sobre todo, en el dolor, el sufrimiento y la indiferencia.

Cuánto quisiera que mi pueblo pudiera reconocerle en medio de la crisis que estamos viviendo.  Que pudiera darse cuenta de que Él nos conoce, y que quiere que le miremos, que le dejemos acercarse.  Si fuéramos capaces de darle un lugar en nuestras decisiones, en nuestra historia las cosas fueran diferentes, no tendríamos olor a Viernes Santo, sino a Resurrección.  Mi pueblo necesita ir a la orilla de la playa y llevar sus peces, es el momento de que todos pongamos lo mejor de nosotros para compartirlo con los demás. Es momento de dejarnos mirar y amar.

“Dicho esto, añadió: Sígueme.”

­¿Y qué otra cosa podría hacer?  

1 de noviembre de 2014

1 de noviembre, Día de todos los Santos

Hoy es 1 de noviembre, día en que la Iglesia celebra el “Día de todos los Santos”.  

Y  ¿qué es un “santo”?  Pues me encontré con esta definición:

“Un Santo es aquel hombre, o mujer, que ha sido distinguido por alguna tradición religiosa como consecuencia de sus presuntas relaciones especiales con las divinidades y también por haber sido en vida un ejemplo de entrega y solidaridad para con su prójimo.
(Desde Definicion ABC: http://www.definicionabc.com/religion/santo.php#ixzz3HqOXAxFD)

Y constaté con esta definición que son muchos más los santos que conozco, muchos más de los que pensaba conocer. ¡Qué gran noticia!  Sí porque en mi vida son muchísimas las personas que me han testimoniado una vida entregada y solidaria a los demás.  Una vida olvidada de sí misma, que no conoce el egoísmo, el cansancio, la indiferencia, el miedo o el afán de protagonismo.

Vidas que sólo saben dar, entregar, acompañar, ayudar, apoyar, impulsar, construir, amar…

Son tantas que no me atrevo a escribir aquí sus nombres porque seguramente se escape alguno a mi limitada memoria y no me perdonaría ese terrible olvido.  Pero sí quiero resaltar entre esos cientos que conozco  a quienes yo arbitraria y libremente nombro “santos”:

  • A los misioneros que dejan casa, patria, comodidad, confort, seguridades, privilegios, salarios, familias, amistades, todo por anunciarnos la Gran y Buena Noticia, por acercarnos a un Dios de Amor y por mostrarnos el camino de la Esperanza.
  • A esos cientos de profesionales de la salud que enaltecen la humanidad cuando prevalece en ellos la fidelidad al deseo de preservar la vida y la salud de las personas.  A esos (tengo que hacer mención muy especial a los del Grupo AMAR) que sacrifican su tiempo, su dinero, sus propios intereses buscando siempre entregarse generosamente en bien de los enfermos, en especial de los más pobres.
  • A los voluntarios que son capaces de renunciar a sus proyectos personales para sumarse en los proyectos de grandes equipos y/o comunidades; todo en búsqueda de construir un mundo mejor.
  • A los líderes políticos, cívicos y religiosos que en profunda y honesta lealtad a sus ideales y en beneficio de la gente, entregan su vida luchando por el bien de las personas.
  • A esos religiosos que desde el silencio de sus conventos, seminarios, abadías, oran sin cesar y sostienen con su oración a tantos frentes misioneros.

Son tantos que no terminaría de mencionarlos a todos.  Pero agradezco profundamente a Dios que me da el privilegio de conocerlos, de haber sido acompañada por ellos, de poder ver en sus vidas la Presencia de un Dios Vivo que es Fontal en todos y cada uno de ellos.  A todos ustedes, “mis” Santos:  FELIZ DÍA!

25 de noviembre de 2013

Desde la cruz...

Ayer celebramos la Fiesta de Cristo Rey…y recordamos desde dónde reina Jesús:  desde la Cruz.  Es desde la entrega de la propia vida donde se nos ha sido revelado el Verdadero Rostro del Amor.   Sin cruz, no es posible amar, no al modo de Jesús…
P. Severiano García, cmf.

Es desde el sufrimiento que somos capaces de descubrir una mirada distinta que nos cambia la vida.  Es cuando comenzamos a valorar más las personas y sentir cierta indiferencia ante las cosas.  Es cuando comenzamos a cuestionar y a cuestionarnos, a vibrar en cada soplo de vida y a ¡agradecer tanto!

Son muchas las personas que se encuentran experimentando  situaciones muy duras, momentos de tristeza, de angustia, de grandes sufrimientos. 

P. Romualdo García, cmf.







Y son personas que muchas veces las tenemos cerca, muy cerca y que ignoran que más allá de compartirnos su dolor, nos comparten también su Esperanza.  
P. Camilo Riaño, cmf.

Personas que han servido toda una vida, que siempre nos han hablado de amor, de entrega, de compromiso, fraternidad…y que hoy nos edifican con su testimonio, desde sus limitaciones, desde su cruz.  

Y nos sacuden el alma, y nos invitan a mirar la vida como ellos, con nuevos ojos, con un corazón puro y transparente.   

Ayer celebramos a Cristo Rey.  Hoy celebro la vida de unos hermanos que como Él, han sabido amar desde la Cruz y agradezco a Dios el don de su testimonio que tanto bien me hace.  

21 de octubre de 2013

19 de octubre 2013, Día de las Misiones en Jimaní

Faltan diez para las seis.  La tarde va envolviéndonos en un sopor denso y pesado.  A lo lejos, algunas nubes se van acercando.  Tal vez han percibido el cansancio que nos va provocando el calor, pero lo hacen muy tímidamente.   Llegamos a Boca de Cachón, una de las comunidades que atiende la Comunidad de Misioneros Claretianos de  Jimaní.

Nos colocamos en el gazebo que precede la entrada principal de la capilla.  Allí, la brisa nos va sorprendiendo de cuando en cuando, como cuando un niño se nos esconde tras un árbol y juega a asustarnos.  Comienza a llegar la gente, poco a poco, a modo de procesión.  Algunos llegan desde sus conucos, cargando con el cansancio de un largo día de faena, de tostar café, de llevar a pastar a sus vacas o de recoger la cosecha.  A otros, la piel oscurecida por el sol, les delata su día de venta en el mercado, día de lucha por vender sus plátanos, sus guineos o su café.  Algunas mujeres han llegado muy risueñas y olor a recién bañadas, evidenciando su preocupación y esmero por llegar bien presentadas a misa.  ¡Cuánta vida se percibe por doquier !

La gente nos va saludando con verdadera alegría y más cuando perciben rostros nuevos.  “Los de afuera siempre llegan con cosas buenas y más cuando te los encuentras en la Iglesia porque quiere decir que son misioneros”.  Así me ha dicho una anciana mientras me abrazaba como quien abraza a una hija muy querida.

Ya ha llegado el párroco, quien ha llegado como todos, muy contento y animado a celebrarnos la eucaristía.  Se detiene a saludar uno a uno hasta saludar a todos.  Entramos a la capilla.  Todo ha comenzado a quedarse en penumbras porque el sol ha decidido retirarse a descansar un rato.  Se encienden dos velas que sólo logran indicarnos las dos puntas extremas del mantel que cubre el altar y que amenazan con enredarse entre el pábilo y el vaso que acoge a la vela; pero su luz es tan pobre que no logran más que indicarnos su presencia.

No puedo distinguir al P. Juventino pero su voz comienza a escucharse perfectamente.  No ha hecho falta un micrófono ni un foco que le alumbre para que el bullicio que provocan los niños que van saltando de un lado al otro de la capilla, el saludo que se van dando los que van llegando a los ya presentes y los jóvenes que se cuentan sus cosas, se silencien.  Su voz ha ido envolviéndonos a todos en una palabra silente, no pasiva, sino muy activa.  Todos escuchan, todos atienden, todos se alegran y van saboreando una a una las palabras que nos va compartiendo y que nos van llenando de vida.

Nos ha hecho un gran y hermoso anuncio.  ¡Hoy celebramos el Día de las Misiones!  Y la gente lo recuerda y lo expresa con gran alegría…

¡Día de las Misiones! Sí, es un gran día…en que la Iglesia me recuerda mi vocación misionera desde mi compromiso bautismal.  Día en que se me invita a detenerme, a examinarme y ver si mi vida la estoy viviendo en clave misionera, si en realidad soy  consciente de esa gran responsabilidad.  Si soy capaz de darme cuenta de que mi fe ha sido fruto del servicio misionero de tantos que me han precedido, y que no hay otro modo de agradecer tanto bien sino es haciendo yo lo mismo con otros…

El P. Juventino nos ha compartido una catequesis tan sencilla y hermosa con toda la profundidad que es capaz de hacer solo un gran misionero.  ¡ Qué bendición haber estado ahí, en esos momentos, compartiendo esas palabras, en medio de una comunidad que vibra agradecida a Dios por la presencia de un Misionero Claretiano entre ellos!

Y qué dicha poder contar entre nosotros con un matrimonio que acaba de llegar desde España a sumarse al equipo misionero claretiano de Jimaní.  Un matrimonio constituido por Ana, quien es doctora pediátrica y Mikel, ingeniero industrial quienes han descubierto su gran vocación al servicio,  en la vida misionera.  Un matrimonio que ciertamente viene a ayudar a dar a conocer, servir y a amar a Jesucristo al estilo de Claret a través de su testimonio de vida.

Se acrecienta el calor dentro de la capilla y ya no sé si es la fuerte humedad o el fuego abrasador que voy sintiendo lo que me hace sentir sofocada pero inmensamente feliz.  La gente sigue cantando, orando, alabando y celebrando con gozo la gran fiesta de la eucaristía.  De repente, una leve llovizna sobre el techo de zinc obliga al P Juventino a levantar la voz.  Comienzan los mosquitos a dejarse sentir con sus insistentes y agudas picaduras que van provocando picor y ronchas.  Comienzo a abanicarme con el abanico de mi madre que me he traído de casa para defenderme un poco de los mosquitos.

Lo del agua ha sido solo un ensayo; la lluvia se ha disipado en unos minutos y el calor ha regresado con mayor intensidad.  Pero la gente sigue contenta y yo también.

Hoy, día mundial de las misiones ha sido un gran día de fiesta, de alegría.  Y mientras voy agitando el abanico, voy dando gracias a Dios por tantos y tantos buenos misioneros que nos han precedido, por los que nos acompañan hoy,  por los que han sido nuestros maestros, nuestros guías, nuestros consejeros, nuestros amigos, nuestros hermanos. 

Le agradezco por los que han dejado padre, madre, familia, amigos, patria, casa, como dice la Palabra, por anunciar el Reino.  Pero muchos más por tantos que han dejado mucho más que eso.  Por esos que han sabido optar con radicalidad, que han dejado sueños, proyectos, fama, carreras, profesiones, comodidades, éxitos, bienestar, afectos…Tantas renuncias, todas profundas, fuertes y hasta dolorosas, todo por Amor, por pasión por la humanidad, por la inquietante y misteriosa vocación de Servir a Dios a través de los hermanos. 

También doy gracias a Dios por tantos laicos misioneros que el Señor me ha dado el privilegio de conocer, de acompañar y de ser testigo de su vocación misionera, de su entrega, de su amor y fidelidad; Jafet, Mary Helen, Myrna, Lilliam, Yesenia, Rut, Jhonny, Lumir, Carmen, Yoselín, Sebastián y ahora Ana y Mikel.  Por todos ellos doy gracias a Dios y para todos pido grandes bendiciones.

Ciertamente hoy me sentí conmovida al escuchar hablar al P Juventino y agradecí a Dios la ausencia de luz porque pude esconder las lágrimas.  Una vez más agradecí a Dios el don de la fe, el don del carisma claretiano, el haberme regalado la bendición de pertenecer a esta hermosa familia misionera y al Movimiento de Seglares Claretianos y en especial por haberme dado como hermanos a los Misioneros Claretianos, quienes con su testimonio de vida me edifican y animan a vivir mi vida en clave misionera y claretiana.  Gracias Señor por la vida de todos y cada uno de ellos, bendícelos y cuídalos siempre…


Gracias por haberme dado la dicha de celebrar este año el Día de las Misiones, aquí en la frontera dominico haitiana, en Boca de Cachón, en tierra árida, seca, sedienta, pero de Ti y de Tu Palabra y con un inmenso corazón que acoge con generosidad al equipo misionero claretiano de Jimaní.

11 de enero de 2013

En el tercer aniversario en Haití...

Este 12 de enero de 2013 el sol volverá a pintar de luz al pueblo haitiano.  Volverá a sacudir del sueño a muchos que se alegrarán al verle porque siempre su presencia calurosa, intensa y cercana es la constatación de que hay vida, y Vida en abundancia…

Recordarán irremediablemente la tragedia que apretó su corazón hace ya 3 años, y la tristeza les sorprenderá.  Llegará sin avisar ni pedir permiso y se sentirá dueña de la voluntad, de la mente y el corazón de todos y cada uno de los haitianos.  Pero se equivocará, una vez más…

Los haitianos  la conocieron hace mucho más de tres años.  Ha estado presente durante toda su historia y siempre llegó colándose entre las injusticias, las dificultades, las luchas y los conflictos que han intentado acallar la risa de los niños, la alegría de las madres y el tesón de sus hombres.  Luego, en estos últimos años ha continuado filtrándose entre el hambre y la miseria. La han visto paseándose  entre los desplazados.  La han sorprendido sentada en los conucos desiertos y solitarios, entre los miles de mutilados y enfermos.  Se la han encontrado en las cosechas perdidas, en la ausencia de café, en los niños huérfanos y las madres sin hijos, en las viudas en la calle.   Y ha sido insistente, y en su afán de querer adueñarse de sus corazones:  regresó junto a Thomas, junto a la tormenta tropical Isaac, junto al huracán Sandy…

Pero el pueblo haitiano nunca se doblegará ante ella porque el haitiano nunca será triste, el pueblo haitiano es un pueblo que canta, que baila, que lucha, que saborea y agradece la Vida porque es un pueblo que conoce la ESPERANZA.  Un pueblo que ha visto muchos signos de Vida y de Amor …


Haití es un pueblo que  sabe de voluntad, de deseo, de intentos, de esfuerzo.  Un pueblo que viste de sencillez pero que conoce la elegancia, la del corazón puro.  Un pueblo que nos dio la oportunidad de conocer nuestra capacidad de solidaridad y  nuestra generosidad.  Un pueblo lleno de hombres y mujeres de espíritu noble e incansable, un pueblo que conoce a Dios.

Hoy, se cumplen 3 años del terremoto y aún el pueblo no ha logrado levantar su economía, aún no disfrutan de una vivienda digna ni una alimentación adecuada.  Todavía les margina la miseria, y la democracia se desdibuja entre injusticias y  jirones de poder.  Pero la presencia de tantos hermanos que día tras día luchan con y por ellos, de tantos que trabajan para apaciguar su hambre, su sed y sus necesidades primarias.  La labor de tantos voluntarios que dejan su vida tatuada entre las de ellos.  Los agigantados esfuerzos de tantas Fundaciones y Organizaciones que luchan por defender sus derechos y ayudarles a construir un mundo más digno y más justo.  La presencia de una Iglesia que no deja de darles Buenas Nuevas.  Las manos que se extienden sobre la tierra haitiana pidiendo paz y bendición, y la convicción absoluta de la presencia real, auténtica y hermosa de Dios en medio de este pueblo, todo ello es lo que ha dado la fortaleza, la alegría y la fe a todos los haitianos. 

Por eso hoy, el pueblo haitiano no camina con tristeza recordando el terremoto, no resiente ni maldice ni se queja.  Hoy no hay lugar para la tristeza, porque el pueblo haitiano la desconoce.  Hoy reina la alegría, la paz y la Esperanza.  Hoy, el que reina es Otro.  Hoy, nos alegramos junto a nuestros hermanos haitianos porque su pueblo vive y agradece una vez más el don de la Vida, una que se le has dado para que la vivan en abundancia…

20 de octubre de 2012

Cuando el reloj se detenga...


Cuando el reloj se detenga
en mi sóla y única hora
cuando se me canse la vida
y se vuelva perezosa…

Cuando mis pasos se tornen
muy lentos y secos
y se me llenen la manos
de recuerdos y ecos…

Cuando me haya vencido
la soledad y la tristeza
y el corazón se me canse
de extrañar tu tibieza...

Cuando la mirada se pierda
en el vacío de la nada
y entre el bullicio de todo
sólo espere tu llegada...

Sólo quiero que sepas
que no quiero laqueados
ni blancos sepulcros tan pulcros
que opacarían mis pecados.

Desde la oscura madera
te quiero seguir esperando
sin encajes, sin banderas
sin adornos ni dorados.

Con canciones y sonrisas
con mis órganos donados
con mi vida compartida
sin reproches del pasado.

Con una palabra en mis labios
endulzada de perdones
y una memoria rosada
con ausencia de rencores.

Con una infinita esperanza
que en algún rincón de tu mente
te tropieces con mi nombre
y quieras estar presente.

Y ojalá que en ese instante
en esa mi única hora
quieras de nuevo mirarme
como te miro yo ahora.
Nancy Burgos

18 de octubre de 2012

¿ Y qué hago...?


¿Y qué hago con esta vida
que llevo a cuestas en jirones
apostada en el camino
calzada de dolores...?

¿Y con esta alegría congelada
atrapada en mil recuerdos
con sombras agigantadas
salpicadas de lamentos...?

¿Y cómo prosigo el viaje
si nunca lo caminé sola
cómo pasar de un nosotros
a esta soledad que ahoga...?

¿Y a dónde levanto mis ojos
sin tus párpados despiertos
con la ausencia de tu voz
y estos abrazos inciertos...?

¿Y qué hago con este amor
que está enraizado a mi piel
que me convulsa la vida
entre amarguras y miel...?

¿Y qué hago con estos pasos
paralizados y huecos
que han perdido su rumbo
y me han secado los huesos...?
Nancy Burgos