Se iba acabando el día con la laxitud de cada segundo transcurrido; lenta y dolorosamente…
Un día más donde las preguntas invadieron cada poro de su piel maltrecha, opaca. Experimentaba la sensación de abandono, de sequía profunda. Desorientación, miedo, cansancio, mucho miedo…
Nada hacía sentido, nada tenía sentido y al mismo tiempo, todo estaba meridianamente claro. No pensaba en el destino porque no creía en él. No era un castigo porque quien Ama, no castiga.
¿Suerte? No. ¿Desgracia? Tampoco.
Era nuevamente el momento tan temido, como inevitable, ese que regresa de cuando en cuando, sorpresivamente, cuando menos lo imagina y le desvela su vulnerabilidad.
Son días fríos, inhóspitos, carentes de sonrisas, hambrientos de ternura.
Los recuerdos llegan con sus comparsas de reproches, de culpas, de fracasos, de lágrimas...
Y a pesar de vislumbrar a lo lejos la Esperanza, no pudo evitar romperse por dentro.
Y no había nada más que hacer…solo ponerse en pie y responder a la llamada a la confianza, a la desnudez del alma, a despojarse de heridas y de orgullo, de la autocompasión. Era el momento una vez más de alzar la mirada, de abrir los brazos y saltar al vacío…
Mañana: todo estará bien.
"Al final del camino me preguntarán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres". PEDRO CASALDÁLIGA cmf.
30 de julio de 2019
18 de febrero de 2019
18 de febrero
Ya han pasado 4 días
luego de la celebración de San Valentín.
Y todavía hay un ambiente festivo, alegre y sobre todo, muy bien mercadeado
que nos hipnotiza en la celebración del mes del “Amor”. Muchas parejas, sobre todo las más jóvenes viven
ilusionadas e inquietas esperando este gran día para manifestar sus
sentimientos de diversas maneras.
Regalos, flores, chocolates, salidas a cenar, a bailar, a viajar…en fin,
hay una inmensa variedad de gestos que salen a nuestro encuentro para ayudarnos
a mostrar al otro cuánto le amamos.
Siempre me ha llamado
la atención que mucha gente le llama a este día: “Día del Amor”, pero la mayoría
prefiere llamarlo: “Día de los enamorados”.
Y me parece bien curioso, porque el Amor y el Enamoramiento no son la
misma cosa aunque en muchas ocasiones se nos presentan con la misma pinturita.
Enamorarse es una de
las experiencias más hermosas que conozco.
Es una etapa en donde nos sentimos profundamente atraídos por esa
persona a la que llegamos a idealizar.
El solo escuchar su voz nos inyecta energía y nos mejora el ánimo. El tiempo se detiene cuando se comparte con
él. Nos sentimos literalmente flotando
en medio de sensaciones de bienestar, de placer, de “felicidad”. Nuestro mundo se reduce a su presencia y
giramos en torno a su persona y a sus actividades. Todo esto, alimentado ciertamente por la
reciprocidad de nuestros sentimientos.
Nos sentimos unidos a
esa persona, respetados, acompañados y amados de igual modo. Somos para esa
persona igualmente importantes y necesarios en su vida. Hay mucha complicidad, y fuertes deseos de encontrarse,
apoyarse, amarse. Y en la inmensa mayoría
de los casos, juega un fuerte papel las apariencias, el físico, el erotismo, la
sexualidad.
Somos capaces de
realizar grandes cosas al igual que muchas tonterías por el ser del cual nos
sentimos enamorados. Utilizamos todos los
recursos y medios necesarios para sostener la captación de su atención: modas, maquillajes, implantes, inyecciones,
cirujías…lo que fuera, todo es válido. Lo importante es mantener esa chispa que
se enciende cuando estamos juntos. Y sentirnos felices.
Para sostenernos “enamorados”
hace falta sentirnos acogidos, queridos, deseados, acompañados de igual forma
por la otra persona. De lo contrario esa
llama se va extinguiendo poco a poco o tal vez a pasos agigantados, pero
definitivamente morirá si no es cuidado.
Definitivamente que es
una etapa preciosa, que pinta nuestra vida de arcoíris. (Bien que decía mi abuelo:
“Lo mejor del mundo es estar enamorado”).
Pero,¿el amor? No, pienso que el amor es otra cosa.
Ciertamente la mayoría
de los grandes amores (aunque no todos), pasan por la etapa del
enamoramiento. Pero el amor es un
sentimiento auténtico, donde sí se racionaliza, a diferencia de lo que muchos
opinan. Hay una fuerza de voluntad, hay
una conciencia abierta y sobre todo:
libertad. No pasa igual en el
enamoramiento, donde nos sentimos atraídos por una fuerza superior y
experimentamos incapacidad de raciocinio.
Cuando se ama; no se siente
el rigor de la búsqueda de lenguajes “simpáticos” o amables. Al amar, se establece una relación en donde
las palabras tienen otra significación.
Hay mucha transparencia, sinceridad, respeto. Existe un auténtico deseo del bien de la
persona amada. Queremos que sea feliz,que se sienta realizado y pleno, aunque ello
nos excluya.
Cuando se ama, se conoce
muy bien al ser amado. Conocemos todas
sus virtudes, sus habilidades, sus dones; y no nos asustan ni agobian sus limitaciones,
sus defectos, sus desaciertos, sus pobrezas.
Y le tenemos una profunda admiración.
Frente a su humanidad, nos sentimos maravillados y fuertemente atraídos.
Al amar de verdad, llegamos
a adivinar las necesidades del otro, sus deseos, y también sus mentiras, y en ocasiones
a algunos, una doble vida. Y nos duele
que no se de cuenta de que la fuerza del amor es el motor del consuelo y el perdón
que todo lo puede. Y se sufre, ¡y mucho!
; pero por amor. ¡La de veces que
intuimos sus luchas, sus tentaciones! Y
también las muchas ocasiones en que el silencio es lo único que se nos permite aportar.
Al amar, las pasiones
humanas, lógicas entre personas que se aman; no son protagonistas de la
relación. Jamás serán condicionantes a
la permanencia de la pareja. Porque el
amor va más allá de la carne. Pensar
esto es tener una gran pobreza mental. Las expresiones del amor, siempre serán
eso: expresiones, no son fuente ni raíz de
lo fundamental. Y expresiones hay
muchísimas, todas las que el verdadero amor suele descubrir porque así es el amor: creativo.
Cuando se ama, se
privilegia un lugar único y especial en nuestro corazón para esa persona. Lugar
que nadie puede ni podrá nunca sustituir, como nunca se puede sustituir a una
madre o a un hijo(a). No pasa igual con
el enamoramiento. Pienso que podemos
enamorarnos muchas veces y con igual intensidad, pero amar…no, amar es otra
cosa.
Al descubrir el verdadero
Amor, no nos hace falta buscar a nadie más porque ya hemos encontrado esa
persona que nos hace vibrar, que nos alegra, que despierta en nosotros los
sentimientos más hermosos, auténticos, nobles.
Queremos verle, estar con él, ser su mejor amigo(a), su cómplice, su
compañero(a) de camino, su mano derecha, su confidente, su aliado (a), su
incondicional, su todo. Ese es el deseo
más profundo que inspira el verdadero amor, aunque la persona amada no desee
recibirlo y bueno, en ocasiones, hasta llegue a rechazar.
Cuando amamos, nos
sentimos motivados por el ser amado a dar lo mejor de nosotros, a ser mejores
personas, a abrirnos de modo incondicional a la vida. Nuestro deseo es poder servirle, apoyarle,
hacerle sentir cuán importante es en nuestra vida, cuánto nos aporta, cuánto
nos enseña, cuánto bien nos hace. A pesar de que muchas veces la persona amada,
ni se entera.
Pero el amor es así y
es muy independiente. No lo condiciona el
reconocimiento ni la reciprocidad de la persona amada. El amor no es esclavo de formas, ni de modas,
estilos, vanidades. No tiene miedo a la
enfermedad, a la vejez, a las torpezas, a los desaciertos, a las
limitaciones. El amor tiene el sello de la Cruz. Si no hay cruz, no es verdadero amor.
El amor es libre y es auténtico. Tiene la capacidad de escucha, de esa que
acoge siempre con ternura. La fuerza del
perdón, que supera la humillación, el engaño y la indiferencia. Y tiene la
dulzura de un corazón materno que está dispuesto siempre a acompañar, cuidar y
AMAR aunque sea desde el anonimato.
Así es el verdadero
amor…que definitivamente no es el enamoramiento. Ojalá
podamos enamorarnos menos y amar más…
" El amor es paciente, es bondadoso; el
amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta
indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal
recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad."
1 Corintios 13:4-6
27 de diciembre de 2018
Navidad...en pijama?
Estos días de Navidad son como siempre un
tiempo especial, diferente, en los que siempre encontramos novedad en medio de
tradiciones milenarias. Son días de muchas
celebraciones, actividades, fiestas, reuniones familiares, de encuentros con
amigos, regalos, luces, música, adornos, en fin…negación total a la rutina.
Y nos metemos en una carrera desenfrenada que nuestro
entorno consumista nos demanda cada día más. Además de las preocupaciones tradicionales: hay que
pintar la casa para que esté bonita, hay que comprar el árbol, hay que comprar
regalos, hay que coordinar fiestas, etc… vamos adquiriendo (¿o copiando?)
otras nuevas.
Ya no se decora solamente
con luces y esferas…ahora le colocamos villas, trenes, cajas gigantescas
repletas de luces led, muñecos que se mueven y bailan al tronar los dedos,
bases giratorias (que hacen que gastemos
más porque antes podíamos dejar una parte del árbol con menos adornos y así
ahorrábamos un poco) etc.
En los patios, ya se ven mucho menos los nacimientos,
ahora hay una gran variedad de inflables, renos, Cascanueces, muñecos de nieve,
trineos y Santa Claus electrónicos y super modernos. Proyectores que nos traen nieve en nuestras
noches tropicales, luces led que podemos hacer que bailen con la música y así
ofrecer a nuestros vecinos un show espectacular.
También la moda ha cambiado en estos días…y ya
no hay que romperse la cabeza en ver qué traje me compro para la Nochebuena
porque ahora la reunión de la familia es un “pijama party”. El único dolor de cabeza es lograr que todos encontremos
la misma pijama en todos los tamaños para que la foto familiar quede “exacta”.
Todas estas nuevas costumbres las vamos copiando de otros países, de otros lugares, de otras culturas y van haciéndose
parte de nuestras tradiciones. Son frutos de la democracia, de la globalización, de la libre expresión, y en resumidas cuentas, de diversidad de gustos y colores. Todo esto va ampliando y diversificando los modos de
expresión de un pueblo que siente la necesidad de celebrar en comunidad la
alegría, y el gozo de este tiempo de Gracia.
He leído muchos comentarios de personas que están en contra de estos nuevos modos, de estas nuevas formas...opiniones que respeto y creo comprender. Pero, yo no
puedo colocarme radicalmente en esa orilla. Personalmente muchas de estas cosas no me llaman la atención, no se asemejan a mi forma de ser o mi estilo de vida, pero no me quitan el sueño, no me molestan ni me ofenden ni mucho menos creo que van a hacer desaparecer mis creencias o tradiciones.
Al contrario, pienso que estas cosas son oportunidades para reafirmarnos y animarnos a compartir más nuestra identidad y nuestras creencias con los otros y no
desaprovechar el tiempo en señalar o criticar. Si a ti no te gusta un tren debajo del árbol, coloca tú un pesebre debajo del tuyo y no pierdas tiempo criticando al otro. Tal vez la persona no ha puesto un nacimiento en su casa porque sencillamente no tiene uno, entonces, regálale tú uno. Que no te gustan los muñecos de nieve? pues tú colocas al jibarito o una pascua o una estampa navideña puertorriqueña, pero no inviertas energías en criticar porque esto destruye, nos separa, nos enferma y nos paraliza.
Cada uno es dueño (y responsable) de defender sus creencias, sus tradiciones y de darlas a conocer y compartir con otros para que éstas no mueran. Expresa libremente lo que vas viviendo en Navidad de la manera que lo vas experimentando; de una manera alegre y sencilla. Ofrece a todos signos de tu fe, de tu modo de entender la Navidad, de tus razones de hacer o no hacer X cosas en este tiempo, pero siempre desde el respeto, desde el Amor. Expresa tu vivencia de la Navidad desde el corazón.
Si una familia decide usar pijama en su reunión
de Nochebuena, no lo critiquemos, sino más bien, veamos el valor que tiene el
que se hayan comunicado entre sí, que hayan querido ponerse de acuerdo, que
hayan pensado en celebrar juntos la Nochebuena e indiquémosle que eso es un
signo evidente para nosotros de que son una familia que es capaz de dialogar,
de escuchar, de acordar cosas juntos y hagámosle caer en cuenta de ello y
felicitémosle! ¡Qué más da si van en pijama o en falda! Ayudémosle a redescubrir
el valor de la familia y sobre todo, ayúdales a percibir que en
medio de ellos está el Niño que nace y que es Quien hace posible el encuentro.
No gastemos nuestras energías en lamentarnos
por menudencias. Abramos bien nuestros ojos
y nuestro corazón para poder descubrir las manifestaciones del Amor que muchas veces pueden visitarnos en pijama.
3 de diciembre de 2018
Es lunes, el primero de Adviento.
Las pupilas han madrugado hoy al
alba. El sueño no ha sido capaz de acompañarme en este viaje de
olvido y borrachera que con tanta ilusión esperé anoche. Mi cuerpo
lastimado de cansancio va desvelando sus inquietudes y preocupaciones, en
búsqueda de respuestas a las mil interrogantes que le han arrebatado el sueño.
Y se marea con el olor a tierra
mojada. Afuera llueve…también dentro de mí.
Me imagino en una casa grande, con un
patio grande donde seguramente iría presurosa a llevar mis plantas para que
pudieran recibir la lluvia, fresca, dulce, pura, noble. Seguramente
se pondrían muy contentas, y vestirían su mejor follaje…
No resisto la tentación y abandono la cama
para ir a ver mis plantas. Me ha dado cierta tristeza ver cómo son testigos de
la lluvia pero no pueden sentirla ni abrirse a ella. Las imagino
inquietas, como ha estado mi alma esta noche, y en un desenfrenado impulso
arrancarse para ir a su encuentro y ofrecerle sus hojas, sus pétalos, sus
raíces, su tierra con un profundo deseo de empaparse y estrenar vida nueva.
Intuyo mi necesidad: Yo tengo que arrancarme de raíces, para echar
unas más fuertes. Cortar la mala hierba,
mis egoismos, mis mezquindades. Podar mis debilidades, sacar las hojas que un día
fueron hermosas pero que hoy, ya no sirven…están secas. No puedo dejar que
sigan aferradas a mí, bebiéndome el alma, ocupando mi tierra y privando a que
nuevas ramas puedan ocupar ese espacio.
Quiero también mojarme, y abonarme de Paz…
correr presurosa abierta a la Novedad, a esa lluvia que es la misma pero que es
nueva, que es la vieja pero es la actual, a ese rocío mañanero que se me ha
prometido y en la que tengo fe, que me llenará de Vida, Alegría y Esperanza.
Es lunes, el primero de Adviento.
19 de junio de 2018
Al cerrar la puerta...
Cerró la puerta y quedaron afuera las
fuerzas, las risas y el sol. Al entrar,
se le coló por los huesos, sin esperar, sin preguntar, de modo casi
atropellado, aquella vulnerabilidad tan indeseable como temida. Ya hace mucho tiempo
que desistió enfrentarla y que comenzó a intentar reconciliarse con ella. A fin de cuentas, era la única que le
esperaba siempre en casa…
Pero, al menos con ella podía ser auténtica.
Podía soltar aquel llanto que tanto trabajo le costaba esconder en el alma,
podía desmaquillar su fortaleza y darse el lujo de mirar a los ojos a la
soledad sin forzarse a evitar alguna lágrima, sin culparse por su debilidad.
La ausencia de voces la ensordecía en
ocasiones al punto de quebrarle, pero no tanto como la angustia de no haber
nadie que quisiera escucharla. ¡Y es que
tenía tanto que decir! ¡Tanto que
contar! ¡Tanto que compartir!
Las horas del día las había vivido con
tanta pasión que era imposible decir que pasó algún día igual al anterior. Entre sus pupilas llevaba atrapadas lunas
menguantes; cenizas y rojos atardeceres que la desbordaban. ¡Cuánto soñaba con poder volcar su andadura
junto a alguien que entendiera sus pasos y que admirara sus huellas! Junto a alguien que quisiera privilegiarle su
mirada y añorara el momento de su presencia.
Las horas de la noche, aquellas que
se esperan usualmente con muchísima ilusión, fueron tornándose velos rotos que
rompían con la estética de una experiencia llena de sentido a la luz del día,
de una vida polarizada por el Amor. Y se
le estrujaba la voluntad una vez más, mientras le robaban los sueños.
Soledad, tristeza, abandono; sentimientos
que siempre danzan por los rincones esperando la más mínima oportunidad para
empezar la fiesta. Siempre han estado persiguiéndola
inadvertida y constantemente como un perro a su presa. Ella siempre lo supo, aunque fingía no
verles.
Una vez más, entró a su habitación y en
sacral desnudez, recordó Quién la libera de toda incertidumbre, quién sabe
levantarla y sostenerle, quién con solo mirarla le infunde Paz …y abrió su
puerta y le llamó.
8 de agosto de 2017
"Ánimo, no tengan miedo"
Hoy he visto en la Palabra de manera muy clara nuestra vulnerabilidad y las no pocas veces que caemos en la tentación de querer ser como Dios…
Después que Jesús había realizado el milagro de la multiplicación de panes y peces, a la madrugada siguiente, Él se acerca a la barca donde iban los discípulos, andando sobre el agua. Los discípulos se asustan porque en principio pensaron que era un fantasma, pero Jesús les aclara rápido: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”. No era la primera vez que los discípulos escuchaban la voz de Jesús. No era la primera vez que Jesús les decía esta frase; que no tuvieran miedo. A pesar de verlo caminar por las aguas, estoy segura que reconocían que ese que estaba frente a ellos, era el mismo que horas antes había hecho la multiplicación de los panes y los peces, el mismo que había curado y sanado a tanta gente, era su Maestro, el que habían reconocido ya como el Mesías.
Pero Pedro le contesta: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua”. El único que podía caminar sobre el agua, el único que tenía poder sobre el mar, era Dios, y Pedro lo sabía muy bien. Pero cayó en la tentación; quiso ser como Dios. Y Jesús, Maestro por excelencia le da una nueva lección y lo invita a caminar, le responde con un sencillamente: “Ven”. Y Pedro comienza a caminar sobre el agua. Y tan pronto sintió la fuerza del viento, tan pronto se dio cuenta de su vulnerabilidad humana, de que no podía caminar sobre el agua porque él no era Dios y el único que tenía poder sobre el agua era Dios…comenzó a hundirse. Y es cuando lanza un grito de auxilio: “Señor, sálvame”.
Jesús, una vez más extiende su mano, lo agarra y le dice: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?” Y muchísimas veces había interpretado esta parte del Evangelio, como que Jesús le lanza la pregunta de por qué había dudado de que él podía caminar sobre el agua y hoy creo que no es así. Jesús le pregunta a Pedro ¿por qué dudó cuando Él les dijo que no tuvieran miedo?. ¿Por qué Pedro, sabiendo que el único que podía caminar sobre el agua era Dios, por qué él, conociendo la voz de Jesús que les dice como muchas veces anteriores, que no tuvieran miedo, se atreve (porque fue un atrevimiento) a retarle y pedirle que si él era el Señor, que le hiciera ir caminando hacia Él sobre el agua?
Yo creo que Pedro sabía perfectamente quién era Jesús, pero en su humanidad, cayó en la tentación de retarle, de querer igualarse a Él. Pedro fue sencilla y perfectamente humano. Hoy, me resta pedirle al Señor, que al igual que a Pedro me perdone por las ocasiones en que también he querido ser como Él y que siempre confío en que me agarrará de su mano y me dirá también: “Ánimo, soy Yo, no tengas miedo”.
Nancy Burgos, sc.
5 de agosto de 2017
La Transfiguración...hoy
Las noticias tristes
siempre causan en uno, una sensación lógica:
desánimo, tristeza. Sentimientos
que obligan a detener el tiempo, mi tiempo y orillan a reflexionar, quiera una
o no en el sentido de la vida, en el valor de las cosas, en el por qué y para
qué. Son días en que no vemos claridad
ni luz alguna y en las que las horas nos pesan y mucho…
Sin embargo, como
pasa siempre, la Palabra viene a iluminarme, y a levantarme.
Esta mañana, en medio
de mi decaído ánimo por la noticia de la muerte trágica de una familia, víctima
inocente de la violencia existente en mi país; sintiéndome muy mal por la
sensación de impotencia, indignación y tristeza, hice lectura y oración del
Evangelio de la Transfiguración del Señor, fiesta que celebramos mañana en nuestra
Iglesia. ¡Bendito Dios que siempre estás
y nos das lo que necesitamos!
Me encontré con la
escena de la subida de Jesús al Monte junto a Pedro, Santiago y Juan. Y es curioso que el Evangelio comienza
diciendo: “seis días después”, lo que
me obligó a leer más arriba, a ver qué había pasado seis días antes. Y fue para mí una gran sorpresa ver que el
suceso anterior es el anuncio de la pasión de Jesús y la resistencia de Pedro. Seis días antes, Jesús anuncia su futura
pasión, y luego, lleva a estos discípulos a tener una experiencia gloriosa. Como si nos quisiera decir que es imposible
separar dos escenas pascuales: el
“Iluminado” que estaban viendo en el Monte era el mismo que sería, el
Crucificado. Dos momentos que se
complementan: de la muerte a la Vida,
del dolor al gozo, de la muerte a la Resurrección.
Al principio del
Evangelio leo que los discípulos ven a Jesús envuelto en luz, en silencio, y
solo aparecen dos personajes más: Elías
y Moisés. Y es ahí donde Pedro dice que
se estaba bien allí y que si el Señor quería, él podía hacer allí mismo tres
tiendas. Siempre me inquietó esa
expresión de Pedro porque se coloca fuera de Jesús, Moisés y Elías. Esta postura que asume Pedro en ese primer
momento es el de espectador, él está viendo desde fuera, pero no se siente
incluido…es curioso.
Pero luego es que
entiendo (nunca antes lo había visto así) que es en el segundo momento, cuando
se oye la Voz de Dios que les dice: “Este
es mi Hijo Amado, mi Predilecto, escúchenlo” que está el núcleo de todo. Ya no es el centro de atracción la luz que
envuelve a Jesús, sino que es esa Voz que confirma la relación de Jesús con
Dios.
Una voz que vino
acompañada de una gran nube que los
envolvió a todos. Ya Pedro no está
fuera, está dentro junto a Jesús y el Padre.
Y la invitación de Dios a “escuchar” a Jesús es lo mismo que invitarle a
obedecerle. Y ahí caen en tierra,
asustados, como lo estarían luego de la muerte de Jesús, y es Él, Jesús, quien
les levanta y les dice: “No tengan miedo”; ¡premonición de Pentecostés!
La narración de la
Transfiguración me da dos alternativas para vivir mi discipulado: o me quedo como Pedro en la primera parte del
Evangelio, de espectador, asombrado por los momentos gloriosos de Jesús, de sus
milagros, de sus victorias, de sus grandes sermones, pero desde afuera, desde
lejos, sin implicarme en su vida. O,
acepto escuchar la Voz del Padre que me invita a escuchar, a obedecer, a tomar
una postura inclusiva y que me reenvía al verdadero camino, al del seguimiento
de Jesús.
Hoy, al igual que
Pedro, siento que el Señor me ha tocado, me ha invitado a levantarme y me ha
dicho que no tenga miedo. La Palabra me
invita hoy a recordar tantos momentos de gracia, de profunda alegría donde he
experimentado mi vida llena de luz y transfigurada, para confirmar la opción de
vida que hemos hecho por fe, y poder afrontar con serenidad y confianza los
momentos duros y difíciles que nos toca pasar a todos.
Hoy en Puerto Rico,
para mucha gente la realidad les está resultando muda, fría y nosotros como
cristianos, estamos llamados a hacer posible que dentro de esa oscuridad
podamos revelar y transfigurar el Rostro del Dios que siempre nos habla con un
lenguaje lleno de Esperanza.
8 de marzo de 2017
8 de marzo, Día internacional de la mujer...
Acabo de leer la noticia en
el periódico que lleva como título: “Las
mujeres realizan manifestaciones por sus derechos”. En la nota indican que debido a la
conmemoración del Día Internacional de la Mujer, un grupo de sobre 100 féminas
bloqueó esta mañana el acceso hacia el expreso Las Américas, en dirección de
San Juan a Caguas, bloqueando específicamente la rampa de acceso de la
autopista José de Diego hacia el Expreso Las Américas y que decenas de
patrullas llegaron a la zona para intervenir con las manifestantes.
En la nota leí que la señora
Blanco, portavoz del grupo, expresó que este grupo de 100 mujeres representa a
todas las mujeres puertorriqueñas e indicó que “los reclamos van en contra de la Junta de Control Fiscal, contra el
pago de la deuda, por la auditoría, y por el derecho de nuestros cuerpos,
exigiendo un aborto libre, seguro y gratuito”, entre otras cosas.
Primero que todo, reconozco
y respeto el derecho que tiene cualquier persona en este país a expresarse
libre y públicamente sobre cualquier asunto; privilegio de vivir en un sistema
democrático. Yo también tengo el derecho
de pronunciarme y como mujer cristiana me siento obligada a hacerlo.
No pretendo hacer cambiar de
opinión, ni a usted señora Blanco ni a ninguna mujer que piense como usted. Entiendo que nuestras expresiones son siempre
el reflejo de lo que somos, de nuestra vida y de nuestra escala de
valores. Y no soy quién para cuestionar
los suyos, ni los de nadie.
Lo que sí me siento obligada
es a señalarse su imprudencia y expresarle lo que me indigna sus expresiones
porque no representan el sentir de la mayoría de las mujeres
puertorriqueñas. Al menos, a mí, usted,
no me representa y siento que nos falta al respeto a muchísimas mujeres
puertorriqueñas que no pensamos como usted.
Primeramente, me duele mucho
ver el giro que ha tomado la celebración del 8 de marzo puesto que tengo
entendido que el origen de la misma tuvo como finalidad el buscar mejores
salarios para las mujeres y el derecho al voto en los comicios electorales de
su país. No tenía ninguna intención de
reclamos ante una Junta Fiscal, reclamos de derechos sobre nuestros cuerpos,
sobre abortos libres, etc.
Por esta primera y sencilla
razón no puedo estar de acuerdo con las actuaciones de este grupo de
mujeres. Están utilizando una fecha
importante, de un origen muy noble y necesario de su época para manipular el
pensar y sentir de nuestras mujeres, con agendas desconocidas y con ausencia de
fundamentos. Siento mucha tristeza de
que un grupo de mujeres, (a Dios gracias ínfimo), se tome la molestia de salir
a la calle a “reclamar sus derechos”, violentando el derecho de otros a tener
un libre acceso a una carretera pública.
Qué pena que se tenga que recurrir a acciones provocativas, retantes e
irrespetuosas para hacerse escuchar.
Este grupo de mujeres
quieren reclamar “igualdad” y que tengan los mismos derechos de los hombres,
pero ¿cómo pedir igualdad con todos si no comenzamos a defendernos a nosotras
mismas? Si quieren tener libertad de
realizarse abortos y no defienden la vida, si no defienden el derecho a nacer
de miles de cientos de mujeres, ¿cómo se atreven a exigir igualdad de derechos
con el hombre si no son capaces de comenzar a defender las de su mismo género? ¿Y
quién defienden a las mujeres abortadas, asesinadas en un aborto? ¡Hay que
comenzar a ser coherentes con lo que decimos señora Blanco.!
Por otro lado pienso que el
valor de una mujer no lo determina la nómina en que pueda figurar, el salario
que pueda devengar, no lo enmarca el ámbito social en el que logre moverse ni
las posiciones sociales o políticas que pueda alcanzar. El valor de una mujer está en la realización
plena y sencilla de su humanidad, en actuar en libertad, conforme a la grandeza
de ser hija de Dios.
Cuando he estado leyendo las
noticias que nos ventilan ante el mundo entero como mujeres puertorriqueñas
“valientes, decididas, en pie de lucha”, recordaba cuando una mujer de entre la
gente dijo a Jesús: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te
criaron”, Jesús corrigió: “Mejor, ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios
y la cumplen! (Lc 11, 27 28). Bendita
corrección que sacó a María y con ella a todas las mujeres, del ámbito de la
naturaleza y de la “función”, para pasarla al de la persona, es decir, a su verdadera dignidad que no
le viene a la mujer por su capacidad de engendrar y parir, sino por la
responsabilidad para dar una respuesta libre.
Con sus expresiones, señora
Blanco, usted evidencia que se siente como una “desterrada hija de Eva”. Está radicalizando su postura y corriendo el
riesgo de convertirse en una feminista avinagrada con alardes de que puede
sobrepasar al hombre. Con su postura no
consigue más que lamentaciones estériles que no conducen a ninguna parte. Me demuestra usted que es una de esas
profesionales tensionadas que entran con agresividad en el terreno de la
competitividad para conseguir el poder.
No podemos convertirnos en
mujeres culpabilizadas por no tener un trabajo mejor remunerado, por no
alcanzar mejores posiciones dentro de una empresa. Tenemos que cuidarnos mucho de fijar la
mirada solo en lo que no hemos alcanzado aún, porque corremos el peligro de
atrofiar la mirada y no ser capaces de descubrir todo lo que existe de calidad
humana en las vidas de tantas mujeres; desde los cientos de amas de casa que
arrastran el carrito de la compra y que llevan sobre sus espaldas el peso de la
familia y la educación de los hijos, de tantas madres solteras que tenemos en
este país, hasta las que, desde el campo de la teología intentan crear un
lenguaje nuevo que nos recuerde a todos que “Dios no tiene sólo hijos varones…”
Corre usted el riesgo de
ignorar a las mujeres que llevan trabajando desde los 9 o los 11 años y no han
podido ir nunca a la escuela y que ahora, a sus 40 años o más, empiezan un
nuevo aprendizaje, acuden a centros educativos o centros culturales, descubren
lo que es tener amigas, comunicarse, ser creativas y cuántas cosas pueden hacer
con unas manos que hasta ese momento, parecía que sólo estaban hechas para
quitar suciedad y capaces de pronunciar una palabra que hasta ahora no
escuchaba nadie.
Estas mujeres, no son
mejores ni peores que usted. Estas
mujeres, todas, desde la que está tirada en una acera mendigando el pan que
habrá de llevar a unos hijos, hasta ejecutivas como usted, elegantes, que se
encuentran detrás de un escritorio organizando marchas, paros y manifestaciones
“reclamando los derechos de la mujer”; todas somos hijas de un mismo Dios,
dignas no por nosotras mismas, sino por el inmenso amor con que hemos sido
creadas.
La invito a que eche una
mirada a las mujeres que deciden comprometerse en las esferas culturales,
políticas, sociales y/o públicas de nuestro país pero que son capaces de dejar
atrás el modelo de “mujer bonsai”. No se
fije tanto en la víctima del alcalde de Guaynabo, que muy bien que ha sabido
denunciar lo que para ella ha sido una violación a sus derechos, y fíjese más
bien en que por estar tomando posturas mal llamadas de solidaridad con ella, no
se han tomado la molestia de ni siquiera mencionar que este país se encuentra
de luto precisamente esta semana por la pérdida de tres grandes mujeres: Miriam Colón, Brunilda García e Iris
Martínez. Tres mujeres que defendieron
su género de la mejor forma; siendo fieles a su identidad más profunda, mujeres
que pusieron el nombre de Puerto Rico en alto procurando ser lo mejor en sus
competencias, siendo coherentes con sus convicciones y dando testimonio de
lealtad y amor por Puerto Rico.
El nombre de ninguna de ellas
apareció en las pancartas de las manifestantes de hoy, ni el de mujeres como Julia
de Burgos, Sor Isolina Ferré, Nilita Vientós, Ana Roqué, Concha Meléndez, Ana
G. Méndez, mujeres puertorriqueñas que nos hacen sentir orgullosas por sus grandes
aportaciones. ¿Por qué no “aprovechar” estos espacios para resaltar nuestra imagen y
no acentuar las carencias? De ninguna de estas grandes mujeres se habla porque no
interesa, lo que se promueve es la lamentación, la queja y exigencia ofensiva para
que nos miren con pena o miedo porque somos capaces de pararnos en medio de una
autopista a gritar y paralizar el libre acceso. Me da mucha pena esta gesta tan
humillante.
Ojalá las mujeres
puertorriqueñas tengamos el valor de ser como María, a ser “árbol de mostaza”,
que tuvo fe en sí misma. María, la Mujer
más digna entre todas las mujeres, grande porque fue la Madre de Dios, pero más
grande aún porque no tuvo necesidad de gritar, ni exigir, sino que optando por ver
más allá de sí misma para dar vida a otros y en completa y total libertad dio un
giro radical y definitivo que marcó nuestra historia.
9 de abril de 2016
Tercera aparición...
Siempre me emociona el sentirme
mirada por Él, conocida por Él, acogida perdonada e invitada a seguirle.
Esta Palabra ha sido una vez más ocasión
de encuentro conmigo misma, con Él y con los demás. Y es maravilloso cuando mi oración personal trasciende
y se hace vida con mi comunidad, con los míos, con aquellos que vibran como yo
al acercarnos al gran Misterio. Nada más
cierto que lo que compartimos el domingo pasado con Tomás…los encuentros con el
Resucitado se hacen palpables y reales cuando estamos en comunidad. Y siempre es más rico.
Y cuando nos acercamos a Su Palabra,
es como tocar un pedacito de Su Resurrección, es degustar la Alegría de la
Esperanza…avistar una historia nueva.
Este Evangelio tiene muchísimos
signos y matices. Desde la primera oración
del Evangelio…. ”Jesús se apareció otra vez…”
Otra vez y siempre…Su deseo de acompañarme, de acercarse, a pesar de que
en ocasiones no le busco, de que le olvido entre “mis” cosas y otras ni
siquiera intuyo su presencia. Pero su
deseo de estar en mi historia es siempre
más fuerte que mi desdén.
“Muchachos, ¿tienen pescado? Echen
la red a la derecha de la barca y encontrarán.”
Se aparece una y otra vez ahí en medio de mi rutina, de mis asuntos. Su preocupación por lo que me pasa, por lo
que necesito se traduce en Presencia dulce, sosegada y lejos de posturas
protagónicas.
Y en ocasiones, me pasa como a Juan, que en medio de una dificultad o de
una tristeza grande, le descubro, le veo, le siento y es cuando recuerdo que en
realidad, nunca se ha ido, siempre ha estado. Y su Presencia es tan intensa,
tan única que no puede confundirse con otra cosa. “Es el Señor.”
Y es entonces que vuelve a arderme el corazón, porque al sentirme mirada
y reconocida, es que soy capaz de reconocerle, de mirarle, de abrir el corazón
y dejarme amar.
“Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan”.
La mesa está puesta; siempre lo está. Y tengo que reconocer con profundo
dolor que no son pocas las veces que no llego a la fiesta. Me presento al lugar del banquete, soy
puntual, estoy atenta y dispuesta; pero a veces me ha vencido la sequedad del
corazón.
“Jesús les dice: Traed de los peces que acabáis de coger.”
¡De eso se trata! Olvido que
tengo acercarme a la mesa en actitud de gratuidad. Tengo que llevarle todo lo
recibido, todo lo logrado porque todo es pura Misericordia, todo me ha sido dado
y tengo que llevar mis pescados a la mesa para poder compartir Su pescado y Su
pan. No puedo llevar mis manos vacías al
festejo. Y ahí está Jesús, preparando la mesa, el almuerzo y me invita; a estar
con Él…
El Evangelio dice que después que comieron Jesús le preguntó tres veces
a Simón Pedro si lo quería. No sería una
locura pensar que en cierto modo quería recordarle a Pedro las tres veces que
lo negó. Pienso que a Jesús jamás le
movería un sentimiento mezquino; pero tampoco creo que fue una casualidad el número
tres. Es un signo de insistencia, de
perseverancia, de confirmación.
He sido capaz de negarle, como Pedro, en medio del miedo, de la
inseguridad. He sido cobarde y le he
dado la espalda. Pero Él insiste, una,
dos, tres veces (y muchísimas más) porque me conoce, y sabe que la Presencia de
Jesús Resucitado me provoca seguridad, confianza, amor.
El Evangelio menciona que esta aparición de Jesús fue la tercera. ¡Otra vez el número tres!
El Resucitado no se limita a aparecer tres veces. Se me seguirá apareciendo siempre, para
recordarme que está caminando a mi lado, que no se ha ido, que su Presencia es
más fuerte que nunca, que me ama profundamente; a pesar de que yo sea capaz de olvidarlo,
de no reconocerle o serle fiel. Se me acerca en cada hermano que comparte su
Palabra conmigo, en mi comunidad, en mi familia, amigos. Y sobre todo, en el dolor, el sufrimiento y
la indiferencia.
Cuánto quisiera que mi pueblo pudiera reconocerle en medio de la crisis que estamos viviendo. Que pudiera darse cuenta de que Él nos conoce, y que quiere que le miremos, que le dejemos acercarse. Si fuéramos capaces de darle un lugar en nuestras decisiones, en nuestra historia las cosas fueran diferentes, no tendríamos olor a Viernes Santo, sino a Resurrección. Mi pueblo necesita ir a la orilla de la playa y llevar sus peces, es el momento de que todos pongamos lo mejor de nosotros para compartirlo con los demás. Es momento de dejarnos mirar y amar.
“Dicho esto, añadió: Sígueme.”
¿Y qué otra cosa podría hacer?
1 de noviembre de 2014
1 de noviembre, Día de todos los Santos
Hoy es 1 de noviembre, día en que la Iglesia celebra el “Día de todos
los Santos”.
Y ¿qué es un “santo”? Pues me encontré con esta definición:
“Un Santo es aquel hombre, o mujer, que ha
sido distinguido por alguna tradición religiosa como consecuencia de sus presuntas relaciones especiales con
las divinidades y también por haber sido en vida un ejemplo de entrega y
solidaridad para con su prójimo.”
(Desde Definicion ABC: http://www.definicionabc.com/religion/santo.php#ixzz3HqOXAxFD)
(Desde Definicion ABC: http://www.definicionabc.com/religion/santo.php#ixzz3HqOXAxFD)
Y constaté con esta definición que son
muchos más los santos que conozco, muchos más de los que pensaba conocer. ¡Qué
gran noticia! Sí porque en mi vida son
muchísimas las personas que me han testimoniado una vida entregada y solidaria a
los demás. Una vida olvidada de sí
misma, que no conoce el egoísmo, el cansancio, la indiferencia, el miedo o el
afán de protagonismo.
Vidas que sólo saben dar, entregar,
acompañar, ayudar, apoyar, impulsar, construir, amar…
Son tantas que no me atrevo a escribir
aquí sus nombres porque seguramente se escape alguno a mi limitada memoria y no
me perdonaría ese terrible olvido. Pero
sí quiero resaltar entre esos cientos que conozco a quienes yo arbitraria y libremente nombro “santos”:
- A los misioneros que dejan casa, patria, comodidad, confort, seguridades, privilegios, salarios, familias, amistades, todo por anunciarnos la Gran y Buena Noticia, por acercarnos a un Dios de Amor y por mostrarnos el camino de la Esperanza.
- A esos cientos de profesionales de la salud que enaltecen la humanidad cuando prevalece en ellos la fidelidad al deseo de preservar la vida y la salud de las personas. A esos (tengo que hacer mención muy especial a los del Grupo AMAR) que sacrifican su tiempo, su dinero, sus propios intereses buscando siempre entregarse generosamente en bien de los enfermos, en especial de los más pobres.
- A los voluntarios que son capaces de renunciar a sus proyectos personales para sumarse en los proyectos de grandes equipos y/o comunidades; todo en búsqueda de construir un mundo mejor.
- A los líderes políticos, cívicos y religiosos que en profunda y honesta lealtad a sus ideales y en beneficio de la gente, entregan su vida luchando por el bien de las personas.
- A esos religiosos que desde el silencio de sus conventos, seminarios, abadías, oran sin cesar y sostienen con su oración a tantos frentes misioneros.
Son tantos que no terminaría de
mencionarlos a todos. Pero agradezco
profundamente a Dios que me da el privilegio de conocerlos, de haber sido
acompañada por ellos, de poder ver en sus vidas la Presencia de un Dios Vivo
que es Fontal en todos y cada uno de ellos. A todos ustedes, “mis” Santos: FELIZ DÍA!
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