17 de marzo de 2020

Segundo día de la cuarentena


Hoy, el Señor me concedió el regalo de poder iniciar este segundo día, orando junto a mis hermanos Claretianos a través del Proyecto “Nos quedamos contigo en casa”.  Ha sido una tremenda iniciativa que han preparado los Misioneros de las Parroquias Claretianas Solidarias de Bayamón, para este tiempo de cuarentena y que difundirán a través de las redes sociales, tal como lo haría hoy día Claret (utilizando todos los medios posibles).  El Proyecto tiene 3 momentos diarios, la oración, una reflexión y/o formación y la celebración eucarística.

Acompañada por la voz del P. Luis Enrique fui deshojando mi cuerpo de perezas y cansancios y despertando el alma a lo trascendente. Fue un momento de profunda comunión donde el Dios de la Vida me saludaba con infinita ternura a través de “La oración de la mañana”.  Fue un rato de oración profundo, tranquilo y verdaderamente muy bonito.

Luego de este excelente inicio de día, me ví obligada a salir de la casa.  Tuve que visitar una oficina médica y una farmacia junto a mi hermana por motivos de salud de nuestra madre. 

Fue muy extraña la sensación que sentí al salir afuera cuando la brisa paseó sobre mi cara.  Pareciera que experimentaba nuevas sensaciones y me sentí liberada, contenta. ¡Qué curioso! Fue caminar los mismos pasos, el mismo tramo desde el elevador hasta mi carro en el estacionamiento y me sentí estrenando huellas. ¿Será que la ausencia de apretadas agendas me concede una nueva mirada?

En la mañana: dos escenarios sorprendentes.  Al llegar a la oficina médica, encontramos portones y puertas cerradas.  Pacientes esperando de pie afuera de la oficina y mirando constantemente por el cristal de la puerta a ver si lograban observar algún movimiento que indicara que había vida dentro de aquel lugar.  

Luego de varios intentos, se dibuja finalmente, una mujer con todo su cuerpo perfectamente cubierto a la que solo se le percibe el miedo a través de sus ojos.  Las instrucciones muy claras: solo podía entrar una persona a la vez, a la que prácticamente se le lanza a considerable distancia una mascarilla y un par de guantes. Escena que jamás hubiera imaginado yo que presenciaría.

Luego, la siguiente parada:  la farmacia.  Un panorama totalmente distinto.  El local abarrotado de gente. Adultos, jóvenes y ancianos.  Entré libremente y sin ninguna restricción.  Me dirigí de inmediato a la parte posterior de la farmacia para entregar la receta. Una fila bastante larga donde una cinta adhesiva en el suelo nos iba colocando a una prudente distancia entre unos y otros.  Me pareció una excelente medida de prevención en favor de evitar un posible contagio.  Pero la línea iba paralela a la góndola de efectos escolares, y constantemente venían en búsqueda de carpetas, lápices de colorear, plastilina…signo de la necesidad de los padres de tener ocupados a los niños en casa durante estos días.  Y ¿qué creen?  ¡Las personas se saludaban, conversaban entre ellas y con los que estábamos en la fila de las recetas, con toda la cercanía y naturalidad del mundo! Es que de verdad era para reírse. 

Luego de unos largos 45 minutos, pude entregar la receta la que por supuesto, no la despacharán hasta mañana.  El farmacéutico, no llevaba ni mascarillas ni guantes.  Y me pidió firmar la receta con el mismo bolígrafo que habían firmado todas las personas que habían ido antes que yo y que continuarían firmando todos los que vendrían después de mí.  A este punto confieso, que descubrí las “desventajas” de estar bien informados sobre las cosas que NO deben hacerse si queremos evitar contagiarnos y/o contagiar a otros.  En fin…estamos aprendiendo muy, muy lentamente…

Al salir, diviso botellas de agua y aprovecho para comprar algunas. Al dirigirme a pagar: ¡sorpresa! Me encuentro con una fila de personas común y corriente, algunas conversando, otros compartiendo entre ellos sus miedos, preocupaciones y sobre todo su molestia  por no poder salir en las noches por el toque de queda que “este gobierno les ha impuesto, caprichosamente”.  Allí no había cinta adhesiva en el suelo, no había distancias guardadas, había total ausencia de guantes, de hand sanitizer, de mascarillas.  Dentro de la misma farmacia, estaba en un mundo completamente “normal” y distinto al área de recetas.  Y no decir de las  5 personas que esperaban un poco alterados porque no entendieron el que no se les vendiera boletos para jugar el Pega 3…una escena completamente normal.

Luego de estar un rato en la casa de mis padres, regreso a mi casa.  Comienzo a organizar pendientes y hago un alto para escuchar “En comunión contigo”, del Proyecto Claretiano que ya mencioné al principio. Ahora es el P. Héctor quien, a nombre de la comunidad, se hace cercano con palabras esperanzadoras que van animando y despejando miedos e inseguridades.  Sus palabras nos va empoderando de fuerza, nos va orientando la mirada confiada hacia nuestro Padre y sobre todo, nos humaniza el camino, con serenidad. Una vez más, el corazón agradecido a Dios por hacerse tan presente a través de nuestros hermanos.

Continúo organizando papeles, viendo noticias y sacando tiempo para comunicarme con otros que al igual que yo se encuentran en este compás de espera.  La llamada de una entrañable amiga española me llena de mucha alegría.  Nos emociona a ambas, el descubrir la hermosa red que va tejiendo nuestra familia claretiana a través de tantos gestos. Darnos cuenta de la fuerte comunión que emerge milagrosamente entre nosotros, y que nos hace protagonistas de una hermosa historia de salvación; nos orilla a vivir desde un corazón agradecido.

Ya va cayendo la tarde.  A las 6:00 me conecto al Facebook y celebro la tercera parte del Proyecto: la celebración de la Eucaristía.  Ha sido para mí una experiencia totalmente novedosa.  Confieso que es la primera vez que veo de principio a fin una misa por internet. Pero no fue una misa ordinaria.  Fue muy especial; porque pude celebrarla junto a una comunidad de hermanos Claretianos que ciertamente son mi familia extendida. Fue un momento sencillo pero de gran apertura de corazón.

La Palabra, como siempre, se viste de primavera y me alegra el corazón.  Me siento animada, contenta, fortalecida.  Pero también, profundamente agradecida por estos hermanos que nos tienen siempre muy presentes y se preocupan y ocupan por servirnos y acompañarnos en todo momento.  Por supuesto que doy gracias a Dios por la vida de todos y cada uno de ellos.

Me consiento con una rica cena y sigo organizando gavetas.  ¡Cuántas cosas reencontradas!  Pareciera que he ido de compras porque muchas cosas me parecieron nuevas ya que había olvidado que las tenía.

Un rato más de televisión, con buenas y no tan buenas noticias.  

Los cielos se van despejando, las aguas aclarando, la contaminación bajando…parece que le estuviéramos realizando algunos injertos a nuestra Tierra común.  Nuevos pulmones que le permiten volver a respirar, nuevas arterias por donde el agua corre con mayor pureza, una nueva vida y digna.  

Se me hace difícil hacer una justa lectura de todo esto.  No sé si nos están queriendo decir que solamente cuando seamos capaces de detenernos y ayunar del desenfrenado consumismo, podremos coexistir en paz.  No lo sé, no lo tengo claro. 

Lo que sí tengo claro es que he podido terminar de escribir cómo ha sido éste, mi segundo día de la cuarentena.  Y no es tan fáicl...cuando lo pienso bien, ha sido un día bastante atípico, bueno, digno de una cuarentena.

Ya no escribo más.  Será hasta mañana, si el Dios de la Vida así lo permite.

16 de marzo de 2020

TOQUE DE QUEDA


16 de marzo de 2020


Día 1

Hoy es el primero de los catorce días de cuarentena que ha decretado el gobierno de Puerto Rico, como una de las medidas preventivas, para detener la propagación del temido Coronavirus en nuestro país.

Ha sido un día algo extraño y confuso. Desde la mañana escucho el ir y venir de los vehículos, transitando frente a mi casa con total normalidad.  La misma cantidad de carros, las mismas prisas.  Hay bastante flujo vehicular, en realidad, como de costumbre.

Lo que ciertamente es diferente es ver espacios disponibles en el estacionamiento del centro comercial y la ausencia del paso del tren urbano.  Esta estampa evoca en mí, los muchos días sin electricidad que tuvimos luego del paso del huracán María.

Enciendo la televisión para escuchar las noticias en lo que voy preparándome el desayuno.  En algunos canales ofrecían de manera simultánea la misma información.  En todas, un afán indescriptible por convencernos de que estamos frente a un virus letal, muy peligroso, y que al momento la única forma para evitar el contagio no es enfrentarlo sino, escondernos de él.

Mientras desayunaba, continuaba escuchando la televisión.  Pensé que era una exageración y de muy mal gusto la repetición de las bondades de lavarnos las manos, del uso del “hand sanitizer”, de las “lógicas” razones para mantenernos en la casa, etc.  Llegué a sentir que nos trataban como a niños pequeños y sin capacidad de razonar.  No tardé mucho en comprender mi errónea percepción…

A los pocos minutos, saber que hay personas disfrutando de un normal día de playa…compartiendo con sus amistades, disfrutando del sol y la arena.  Otro grupo de personas jugando dominó en la Placita Barceló, al son de la música del Gran Combo, mujeres comentaban como cualquier otro día sobre la novela, otras quejándose de encontrar cerrado el salón de belleza. 

Informan además que la Policía ha intervenido a 2 guaguas llenas de turistas que se encontraban en plenas excursiones; 2 turistas ahogados; negocios repletos de gente comiendo y bebiendo como un día cualquiera...pareciera que no, que no se han enterado.  Pareciera que viven enajenados, que los han secuestrados y encerrados en una gran burbuja, de la que en realidad no quisieran salir.

Las noticias se amplían y siguen ofreciéndonos estadísticas, datos, medidas, orientaciones y reglas a seguir. Nos dan muchísimos consejos y motivan a que hablemos y compartamos con la familia, que nos sentemos a la mesa con los de casa, que preparemos una nueva receta para los nuestros, que organicemos los closets de la casa, que juguemos con los niños…

Y me pregunto: ¿y los que viven solos?   ¿Y los que estarán 14 días atrapados entre 4 paredes, escuchando solo las mismas voces diciéndoles las mismas cosas una y otra vez? ¿Los que no tendrán con quien hablar, con quién sentarse a la mesa?  ¿A quién le compartirán sus temores, cansancios, hastíos? ¿Con quién planificarán qué hacer durante el día?

Es un gran reto para un pueblo en donde hay una gran población envejecida y sola, viviendo solos, aunque tuvieran hijos o una gran familia…viven solos y antes de la amenaza del coronavirus.  Conozco a muchos ancianos que van a la farmacia y al supermercado diariamente solo para poder cruzar una mirada con alguien, sentir que alguien les presta atención, ofrecer y recibir una sonrisa, solo para poder hablar con alguien y sentirse escuchados. 

Otros, como mis padres, a pesar de tenerse uno al otro, viven conectados por teléfono con los demás.  Hacen llamadas a los familiares, a los amigos y hasta a las secretarias de los doctores que frecuentan y que ellos han elegido incluir en su lista de amistades, al cabo de encontrarse tantas veces en las citas médicas.  Al menos, ellos están juntos, muy unidos.

Pero los que sí viven solos, no pueden salir ahora de su casa, han perdido la oportunidad de relacionarse con otros, han perdido la excusa para vestirse y arreglarse para estar “presentable” para los demás, han perdido la oportunidad para hablar con alguien.  Pero ¿saben qué?, no han perdido la esperanza.  Esa que está en lo profundo del corazón de cada uno de ellos.  La esperanza que les garantiza que esto va a pasar, que esto no durará para siempre y que cuando pase la cuarentena saldrán con más fuerza y alegría al supermercado y a la farmacia, al centro comercial, a la iglesia, a la cita médica cargados de abrazos, de sonrisas y de muchas y hermosas palabras para compartir.

Yo por mi parte, me propuse no irme a la cama antes de sentarme a escribir cómo había pasado el día. Es uno de los 2 retos que me propuesto para esta cuarentena.  No he salido de mi casa, no he visto a nadie, no he hablado con nadie.  He leído, he trabajado, he dedicado un buen rato a la meditación, a la oración y reflexión; he respetado las reglas del gobierno, me he quedado en casa.

Ahora, a las 11:00 pm sigo escuchando el ruido de los vehículos que vienen y van y honestamente, me muero de curiosidad por saber cuál supermercado o farmacia estará abiertos todavía. (¿no hay toque de queda?)

5 de marzo de 2020

El amor de Padre-Madre

Estos días he estado escuchando reflexiones sobre el Amor del Padre.  Para algunas personas se les hace difícil el poder “entender” bien esto.  Y creo que una de las mejores cosas de ser madre es que te ayuda enormemente a intuir lo que significa el Amor de Dios Padre-Madre.

Precisamente en estas últimas semanas que experimento la fragilidad de la vida en la de mi madre, entiendo que esto es solo el principio de un largo camino donde la relación con mi Padre adoptará nuevos modos y formas de encuentro, pero donde definitivamente continuará siendo su Presencia, mi fuerza y brújula.

He pensado mucho en que si yo, siendo tan insignificante, tan pecadora, egoísta, limitada, soy capaz de dar la vida sin dudarlo ni un instante, por mis hijos, así de inmensa es la fuente del Amor de la que recibo por Gracia, tanta fuerza. Y ciertamente que es la gran “Garantía” que me anima y alegra.

Veo en mis padres, una historia de una larga vida (más de 80 años) entregados al bienestar de su familia y de su comunidad.  Donde la acogida y el servicio han sido siempre sus prioridades. Ahora, frente a la enfermedad, siguen en pie, fortalecidos en la Fe, confiados en nuestro Padre, afianzados a la fuerza del Amor, en medio de sus sufrimientos.

No todo son momentos difíciles. Hay momentos hermosos, cotidianos, conversaciones, risas, llamadas y visitas de personas que nos quieren bien.  Momentos en donde la presencia del Padre se hace tan ¡brutalmente visible!, como cuando veo que, a pesar de la enfermedad y limitación de mami, de la preocupación y sufrimiento de papi, de sus limitaciones; verlos preocupados por el vecino enfermo, moviendo cielo y tierra por garantizar que tenga alimentos, medicinas y cuidados, los que hasta ahora han suplido ellos.  ¡Ese es el Amor de nuestro Padre!  Un Amor que sigue emanando ternura, cercanía, solidaridad, fraternidad, a través del testimonio de los que le aman y sirven.

Mis papas siguen testimoniando el Amor del Padre, del que siempre está atento a nuestras necesidades, a pesar de nuestra fragilidad, de nuestra pequeñez.  Pueden mostrarnos Su Rostro porque han descubierto la Fuente de ese Amor inagotable y nos hacen partícipes a todos, de ello.

Son semillas de ternura; es el Reino que ya está...

30 de julio de 2019

Ella, siempre ella.

Se iba acabando el día con la laxitud de cada segundo transcurrido; lenta y dolorosamente…

Un día más donde las preguntas invadieron cada poro de su piel maltrecha, opaca.  Experimentaba la sensación de abandono, de sequía profunda.  Desorientación, miedo, cansancio, mucho miedo…

Nada hacía sentido, nada tenía sentido y al mismo tiempo, todo estaba meridianamente claro. No pensaba en el destino porque no creía en él.  No era un castigo porque quien Ama, no castiga.

¿Suerte? No.  ¿Desgracia? Tampoco.

Era nuevamente el momento tan temido, como inevitable, ese que regresa de cuando en cuando, sorpresivamente, cuando menos lo imagina y le desvela su vulnerabilidad.

Son días fríos, inhóspitos, carentes de sonrisas, hambrientos de ternura.

Los recuerdos llegan con sus comparsas de reproches, de culpas, de fracasos, de lágrimas...

Y a pesar de vislumbrar a lo lejos la Esperanza, no pudo evitar romperse por dentro.

Y no había nada más que hacer…solo ponerse en pie y responder a la llamada a la confianza, a la desnudez del alma, a despojarse de heridas y de orgullo, de la autocompasión. Era el momento una vez más de alzar la mirada, de abrir los brazos y saltar al vacío…

Mañana:  todo estará bien.

18 de febrero de 2019

18 de febrero

Ya han pasado 4 días luego de la celebración de San Valentín.  Y todavía hay un ambiente festivo, alegre y sobre todo, muy bien mercadeado que nos hipnotiza en la celebración del mes del “Amor”.  Muchas parejas, sobre todo las más jóvenes viven ilusionadas e inquietas esperando este gran día para manifestar sus sentimientos de diversas maneras.  Regalos, flores, chocolates, salidas a cenar, a bailar, a viajar…en fin, hay una inmensa variedad de gestos que salen a nuestro encuentro para ayudarnos a mostrar al otro cuánto le amamos.

Siempre me ha llamado la atención que mucha gente le llama a este día: “Día del Amor”, pero la mayoría prefiere llamarlo: “Día de los enamorados”.  Y me parece bien curioso, porque el Amor y el Enamoramiento no son la misma cosa aunque en muchas ocasiones se nos presentan con la misma pinturita.

Enamorarse es una de las experiencias más hermosas que conozco.  Es una etapa en donde nos sentimos profundamente atraídos por esa persona a la que llegamos a idealizar.  El solo escuchar su voz nos inyecta energía y nos mejora el ánimo.  El tiempo se detiene cuando se comparte con él.  Nos sentimos literalmente flotando en medio de sensaciones de bienestar, de placer, de “felicidad”.  Nuestro mundo se reduce a su presencia y giramos en torno a su persona y a sus actividades.  Todo esto, alimentado ciertamente por la reciprocidad de nuestros sentimientos. 

Nos sentimos unidos a esa persona, respetados, acompañados y amados de igual modo. Somos para esa persona igualmente importantes y necesarios en su vida.  Hay mucha complicidad, y fuertes deseos de encontrarse, apoyarse, amarse.  Y en la inmensa mayoría de los casos, juega un fuerte papel las apariencias, el físico, el erotismo, la sexualidad.

Somos capaces de realizar grandes cosas al igual que muchas tonterías por el ser del cual nos sentimos enamorados.  Utilizamos todos los recursos y medios necesarios para sostener la captación de su atención:  modas, maquillajes, implantes, inyecciones, cirujías…lo que fuera, todo es válido. Lo importante es mantener esa chispa que se enciende cuando estamos juntos. Y sentirnos felices.

Para sostenernos “enamorados” hace falta sentirnos acogidos, queridos, deseados, acompañados de igual forma por la otra persona.  De lo contrario esa llama se va extinguiendo poco a poco o tal vez a pasos agigantados, pero definitivamente morirá si no es cuidado.
Definitivamente que es una etapa preciosa, que pinta nuestra vida de arcoíris. (Bien que decía mi abuelo: “Lo mejor del mundo es estar enamorado”).

Pero,¿el amor?  No, pienso que el amor es otra cosa. 

Ciertamente la mayoría de los grandes amores (aunque no todos), pasan por la etapa del enamoramiento.  Pero el amor es un sentimiento auténtico, donde sí se racionaliza, a diferencia de lo que muchos opinan.  Hay una fuerza de voluntad, hay una conciencia abierta y sobre todo:  libertad.  No pasa igual en el enamoramiento, donde nos sentimos atraídos por una fuerza superior y experimentamos incapacidad de raciocinio.

Cuando se ama; no se siente el rigor de la búsqueda de lenguajes “simpáticos” o amables.  Al amar, se establece una relación en donde las palabras tienen otra significación.  Hay mucha transparencia, sinceridad, respeto.  Existe un auténtico deseo del bien de la persona amada. Queremos que sea feliz,que se sienta realizado y pleno, aunque ello nos excluya.

Cuando se ama, se conoce muy bien al ser amado.  Conocemos todas sus virtudes, sus habilidades, sus dones; y no nos asustan ni agobian sus limitaciones, sus defectos, sus desaciertos, sus pobrezas.  Y le tenemos una profunda admiración.  Frente a su humanidad, nos sentimos maravillados y fuertemente atraídos.

Al amar de verdad, llegamos a adivinar las necesidades del otro, sus deseos, y también sus mentiras, y en ocasiones a algunos, una doble vida.  Y nos duele que no se de cuenta de que la fuerza del amor es el motor del consuelo y el perdón que todo lo puede.  Y se sufre, ¡y mucho! ; pero por amor.  ¡La de veces que intuimos sus luchas, sus tentaciones!  Y también las muchas ocasiones en que el silencio es lo único que se nos permite aportar.

Al amar, las pasiones humanas, lógicas entre personas que se aman; no son protagonistas de la relación.  Jamás serán condicionantes a la permanencia de la pareja.  Porque el amor va más allá de la carne.  Pensar esto es tener una gran pobreza mental. Las expresiones del amor, siempre serán eso:  expresiones, no son fuente ni raíz de lo fundamental.  Y expresiones hay muchísimas, todas las que el verdadero amor suele descubrir porque así es el amor:  creativo.

Cuando se ama, se privilegia un lugar único y especial en nuestro corazón para esa persona. Lugar que nadie puede ni podrá nunca sustituir, como nunca se puede sustituir a una madre o a un hijo(a).  No pasa igual con el enamoramiento.  Pienso que podemos enamorarnos muchas veces y con igual intensidad, pero amar…no, amar es otra cosa.

Al descubrir el verdadero Amor, no nos hace falta buscar a nadie más porque ya hemos encontrado esa persona que nos hace vibrar, que nos alegra, que despierta en nosotros los sentimientos más hermosos, auténticos, nobles.  Queremos verle, estar con él, ser su mejor amigo(a), su cómplice, su compañero(a) de camino, su mano derecha, su confidente, su aliado (a), su incondicional, su todo.  Ese es el deseo más profundo que inspira el verdadero amor, aunque la persona amada no desee recibirlo y bueno, en ocasiones, hasta llegue a rechazar.

Cuando amamos, nos sentimos motivados por el ser amado a dar lo mejor de nosotros, a ser mejores personas, a abrirnos de modo incondicional a la vida.  Nuestro deseo es poder servirle, apoyarle, hacerle sentir cuán importante es en nuestra vida, cuánto nos aporta, cuánto nos enseña, cuánto bien nos hace. A pesar de que muchas veces la persona amada, ni se entera.

Pero el amor es así y es muy independiente.  No lo condiciona el reconocimiento ni la reciprocidad de la persona amada.  El amor no es esclavo de formas, ni de modas, estilos, vanidades.  No tiene miedo a la enfermedad, a la vejez, a las torpezas, a los desaciertos, a las limitaciones.  El amor tiene el sello de la Cruz.  Si no hay cruz, no es verdadero amor.

El amor es libre y es auténtico.  Tiene la capacidad de escucha, de esa que acoge siempre con ternura.  La fuerza del perdón, que supera la humillación, el engaño y la indiferencia. Y tiene la dulzura de un corazón materno que está dispuesto siempre a acompañar, cuidar y AMAR aunque sea desde el anonimato.

Así es el verdadero amor…que definitivamente no es el enamoramiento.  Ojalá podamos enamorarnos menos y amar más…

" El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad."  
1 Corintios 13:4-6

27 de diciembre de 2018

Navidad...en pijama?


Estos días de Navidad son como siempre un tiempo especial, diferente, en los que siempre encontramos novedad en medio de tradiciones milenarias.  Son días de muchas celebraciones, actividades, fiestas, reuniones familiares, de encuentros con amigos, regalos, luces, música, adornos, en fin…negación total a la rutina.

Y nos metemos en una carrera desenfrenada que nuestro entorno consumista nos demanda cada día más.  Además de las preocupaciones tradicionales:  hay que pintar la casa para que esté bonita, hay que comprar el árbol, hay que comprar regalos, hay que coordinar fiestas, etc… vamos adquiriendo (¿o copiando?) otras nuevas.  

Ya no se decora solamente con luces y esferas…ahora le colocamos villas, trenes, cajas gigantescas repletas de luces led, muñecos que se mueven y bailan al tronar los dedos, bases giratorias (que hacen que gastemos más porque antes podíamos dejar una parte del árbol con menos adornos y así ahorrábamos un poco) etc.

En los patios, ya se ven mucho menos los nacimientos, ahora hay una gran variedad de inflables, renos, Cascanueces, muñecos de nieve, trineos y Santa Claus electrónicos y super modernos.  Proyectores que nos traen nieve en nuestras noches tropicales, luces led que podemos hacer que bailen con la música y así ofrecer a nuestros vecinos un show espectacular.

También la moda ha cambiado en estos días…y ya no hay que romperse la cabeza en ver qué traje me compro para la Nochebuena porque ahora la reunión de la familia es un “pijama party”.  El único dolor de cabeza es lograr que todos encontremos la misma pijama en todos los tamaños para que la foto familiar quede “exacta”.

Todas estas nuevas costumbres las vamos copiando de otros países, de otros lugares, de otras culturas y van haciéndose parte de nuestras tradiciones.  Son frutos de la democracia, de la globalización, de la libre expresión, y en resumidas cuentas, de diversidad de gustos y colores.  Todo esto va ampliando y diversificando los modos de expresión de un pueblo que siente la necesidad de celebrar en comunidad la alegría, y el gozo de este tiempo de Gracia. 

He leído muchos comentarios de personas que están en contra de estos nuevos modos, de estas nuevas formas...opiniones que respeto y creo comprender.  Pero, yo no puedo colocarme radicalmente en esa orilla.  Personalmente muchas de estas cosas no me llaman la atención, no se asemejan a mi forma de ser o mi estilo de vida, pero no me quitan el sueño, no me molestan ni me ofenden ni mucho menos creo que van a hacer desaparecer mis creencias o tradiciones.  

Al contrario, pienso que estas cosas son oportunidades para reafirmarnos y animarnos a compartir más nuestra identidad y nuestras creencias con los otros y no desaprovechar el tiempo en señalar o criticar.  Si a ti no te gusta un tren debajo del árbol, coloca tú un pesebre debajo del tuyo y no pierdas tiempo criticando al otro.  Tal vez la persona no ha puesto un nacimiento en su casa porque sencillamente no tiene uno, entonces, regálale tú uno.  Que no te gustan los muñecos de nieve? pues tú colocas al jibarito o una pascua o una estampa navideña puertorriqueña, pero no inviertas energías en criticar porque esto destruye, nos separa, nos enferma y nos paraliza.  

Cada uno es dueño (y responsable) de defender sus creencias, sus tradiciones y de darlas a conocer y compartir con otros para que éstas no mueran.  Expresa libremente lo que vas viviendo en Navidad de la manera que lo vas experimentando; de una manera alegre y sencilla.  Ofrece a todos signos de tu fe, de tu modo de entender la Navidad, de tus razones de hacer o no hacer X cosas en este tiempo, pero siempre desde el respeto, desde el Amor.  Expresa tu vivencia de la Navidad desde el corazón. 

Si una familia decide usar pijama en su reunión de Nochebuena, no lo critiquemos, sino más bien, veamos el valor que tiene el que se hayan comunicado entre sí, que hayan querido ponerse de acuerdo, que hayan pensado en celebrar juntos la Nochebuena e indiquémosle que eso es un signo evidente para nosotros de que son una familia que es capaz de dialogar, de escuchar, de acordar cosas juntos y hagámosle caer en cuenta de ello y felicitémosle!  ¡Qué más da si van en pijama o en falda! Ayudémosle a redescubrir el valor de la familia y sobre todo, ayúdales a percibir que en medio de ellos está el Niño que nace y que es Quien hace posible el encuentro.

No gastemos nuestras energías en lamentarnos por menudencias.  Abramos bien nuestros ojos y nuestro corazón para poder descubrir las manifestaciones del Amor que muchas veces pueden visitarnos en pijama.

3 de diciembre de 2018

Es lunes, el primero de Adviento.



Las pupilas han madrugado hoy al alba.  El sueño no ha sido capaz de acompañarme en este viaje de olvido y borrachera que con tanta ilusión esperé anoche.  Mi cuerpo lastimado de cansancio va desvelando sus inquietudes y preocupaciones, en búsqueda de respuestas a las mil interrogantes que le han arrebatado el sueño.

Y se marea con el olor a tierra mojada.  Afuera llueve…también dentro de mí. 
Me imagino en una casa grande, con un patio grande donde seguramente iría presurosa a llevar mis plantas para que pudieran recibir la lluvia, fresca, dulce, pura, noble.  Seguramente se pondrían muy contentas, y vestirían su mejor follaje…

No resisto la tentación y abandono la cama para ir a ver mis plantas. Me ha dado cierta tristeza ver cómo son testigos de la lluvia pero no pueden sentirla ni abrirse a ella.  Las imagino inquietas, como ha estado mi alma esta noche, y en un desenfrenado impulso arrancarse para ir a su encuentro y ofrecerle sus hojas, sus pétalos, sus raíces, su tierra con un profundo deseo de empaparse y estrenar vida nueva.

Intuyo mi necesidad:  Yo tengo que arrancarme de raíces, para echar unas más fuertes.  Cortar la mala hierba, mis egoismos, mis mezquindades. Podar mis debilidades, sacar las hojas que un día fueron hermosas pero que hoy, ya no sirven…están secas. No puedo dejar que sigan aferradas a mí, bebiéndome el alma, ocupando mi tierra y privando a que nuevas ramas puedan ocupar ese espacio.   

Quiero también mojarme, y abonarme de Paz… correr presurosa abierta a la Novedad, a esa lluvia que es la misma pero que es nueva, que es la vieja pero es la actual, a ese rocío mañanero que se me ha prometido y en la que tengo fe, que me llenará de Vida, Alegría y Esperanza.

Es lunes, el primero de Adviento.


19 de junio de 2018

Al cerrar la puerta...



Cerró la puerta y quedaron afuera las fuerzas, las risas y el sol.  Al entrar, se le coló por los huesos, sin esperar, sin preguntar, de modo casi atropellado, aquella vulnerabilidad tan indeseable como temida. Ya hace mucho tiempo que desistió enfrentarla y que comenzó a intentar reconciliarse con ella.  A fin de cuentas, era la única que le esperaba siempre en casa…

Pero, al menos con ella podía ser auténtica. Podía soltar aquel llanto que tanto trabajo le costaba esconder en el alma, podía desmaquillar su fortaleza y darse el lujo de mirar a los ojos a la soledad sin forzarse a evitar alguna lágrima, sin culparse por su debilidad.

La ausencia de voces la ensordecía en ocasiones al punto de quebrarle, pero no tanto como la angustia de no haber nadie que quisiera escucharla.  ¡Y es que tenía tanto que decir!  ¡Tanto que contar! ¡Tanto que compartir!

Las horas del día las había vivido con tanta pasión que era imposible decir que pasó algún día igual al anterior.  Entre sus pupilas llevaba atrapadas lunas menguantes; cenizas y rojos atardeceres que la desbordaban.  ¡Cuánto soñaba con poder volcar su andadura junto a alguien que entendiera sus pasos y que admirara sus huellas!  Junto a alguien que quisiera privilegiarle su mirada y añorara el momento de su presencia.

Las horas de la noche, aquellas que se esperan usualmente con muchísima ilusión, fueron tornándose velos rotos que rompían con la estética de una experiencia llena de sentido a la luz del día, de una vida polarizada por el Amor.  Y se le estrujaba la voluntad una vez más, mientras le robaban los sueños.
 
Soledad, tristeza, abandono; sentimientos que siempre danzan por los rincones esperando la más mínima oportunidad para empezar la fiesta.  Siempre han estado persiguiéndola inadvertida y constantemente como un perro a su presa.  Ella siempre lo supo, aunque fingía no verles. 

Una vez más, entró a su habitación y en sacral desnudez, recordó Quién la libera de toda incertidumbre, quién sabe levantarla y sostenerle, quién con solo mirarla le infunde Paz …y abrió su puerta y le llamó.



8 de agosto de 2017

"Ánimo, no tengan miedo"

Hoy he visto en la Palabra de manera muy clara nuestra vulnerabilidad y las no pocas veces que caemos en la tentación de querer ser como Dios…

Después que Jesús había realizado el milagro de la multiplicación de panes y peces, a la madrugada siguiente, Él se acerca a la barca donde iban los discípulos, andando sobre el agua.  Los discípulos se asustan porque en principio pensaron que era un fantasma, pero Jesús les aclara rápido: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”.  No era la primera vez que los discípulos escuchaban la voz de Jesús.  No era la primera vez que Jesús les decía esta frase; que no tuvieran miedo.  A pesar de verlo caminar por las aguas, estoy segura que reconocían que ese que estaba frente a ellos, era el mismo que horas antes había hecho la multiplicación de los panes y los peces, el mismo que había curado y sanado a tanta gente, era su Maestro, el que habían reconocido ya como el Mesías. 

Pero Pedro le contesta:  “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua”.  El único que podía caminar sobre el agua, el único que tenía poder sobre el mar, era Dios, y Pedro lo sabía muy bien.  Pero cayó en la tentación; quiso ser como Dios. Y Jesús, Maestro por excelencia le da una nueva lección y lo invita a caminar, le responde con un sencillamente: “Ven”. Y Pedro comienza a caminar sobre el agua.  Y tan pronto sintió la fuerza del viento, tan pronto se dio cuenta de su vulnerabilidad humana, de que no podía caminar sobre el agua porque él no era Dios y el único que tenía poder sobre el agua era Dios…comenzó a hundirse.  Y es cuando lanza un grito de auxilio:  “Señor, sálvame”.

Jesús, una vez más extiende su mano, lo agarra y le dice:  “¡Qué poca fe!  ¿Por qué has dudado?”  Y muchísimas veces había interpretado esta parte del Evangelio, como que Jesús le lanza la pregunta de por qué había dudado de que él podía caminar sobre el agua y hoy creo que no es así.  Jesús le pregunta a Pedro ¿por qué dudó cuando Él les dijo que no tuvieran miedo?.  ¿Por qué Pedro, sabiendo que el único que podía caminar sobre el agua era Dios, por qué él, conociendo la voz de Jesús que les dice como muchas veces anteriores, que no tuvieran miedo, se atreve (porque fue un atrevimiento) a retarle y pedirle que si él era el Señor, que le hiciera ir caminando hacia Él sobre el agua? 

Yo creo que Pedro sabía perfectamente quién era Jesús, pero en su humanidad, cayó en la tentación de retarle, de querer igualarse a Él.  Pedro fue sencilla y perfectamente humano.  Hoy, me resta pedirle al Señor, que al igual que a Pedro me perdone por las ocasiones en que también he querido ser como Él y que siempre confío en que me agarrará de su mano y me dirá también: “Ánimo, soy Yo, no tengas miedo”.

Nancy Burgos, sc.

5 de agosto de 2017

La Transfiguración...hoy

              Las noticias tristes siempre causan en uno, una sensación lógica:  desánimo, tristeza.  Sentimientos que obligan a detener el tiempo, mi tiempo y orillan a reflexionar, quiera una o no en el sentido de la vida, en el valor de las cosas, en el por qué y para qué.  Son días en que no vemos claridad ni luz alguna y en las que las horas nos pesan y mucho…

              Sin embargo, como pasa siempre, la Palabra viene a iluminarme, y a levantarme.

              Esta mañana, en medio de mi decaído ánimo por la noticia de la muerte trágica de una familia, víctima inocente de la violencia existente en mi país; sintiéndome muy mal por la sensación de impotencia, indignación y tristeza, hice lectura y oración del Evangelio de la Transfiguración del Señor, fiesta que celebramos mañana en nuestra Iglesia.  ¡Bendito Dios que siempre estás y nos das lo que necesitamos!

              Me encontré con la escena de la subida de Jesús al Monte junto a Pedro, Santiago y Juan.  Y es curioso que el Evangelio comienza diciendo: “seis días después”, lo que me obligó a leer más arriba, a ver qué había pasado seis días antes.  Y fue para mí una gran sorpresa ver que el suceso anterior es el anuncio de la pasión de Jesús y la resistencia de Pedro.  Seis días antes, Jesús anuncia su futura pasión, y luego, lleva a estos discípulos a tener una experiencia gloriosa.  Como si nos quisiera decir que es imposible separar dos escenas pascuales:  el “Iluminado” que estaban viendo en el Monte era el mismo que sería, el Crucificado.  Dos momentos que se complementan:  de la muerte a la Vida, del dolor al gozo, de la muerte a la Resurrección.

              Al principio del Evangelio leo que los discípulos ven a Jesús envuelto en luz, en silencio, y solo aparecen dos personajes más:  Elías y Moisés.  Y es ahí donde Pedro dice que se estaba bien allí y que si el Señor quería, él podía hacer allí mismo tres tiendas.  Siempre me inquietó esa expresión de Pedro porque se coloca fuera de Jesús, Moisés y Elías.  Esta postura que asume Pedro en ese primer momento es el de espectador, él está viendo desde fuera, pero no se siente incluido…es curioso.

              Pero luego es que entiendo (nunca antes lo había visto así) que es en el segundo momento, cuando se oye la Voz de Dios que les dice: “Este es mi Hijo Amado, mi Predilecto, escúchenlo” que está el núcleo de todo.  Ya no es el centro de atracción la luz que envuelve a Jesús, sino que es esa Voz que confirma la relación de Jesús con Dios.

              Una voz que vino acompañada de una gran nube que los envolvió a todos.  Ya Pedro no está fuera, está dentro junto a Jesús y el Padre.  Y la invitación de Dios a “escuchar” a Jesús es lo mismo que invitarle a obedecerle.  Y ahí caen en tierra, asustados, como lo estarían luego de la muerte de Jesús, y es Él, Jesús, quien les levanta y les dice: “No tengan miedo”; ¡premonición de Pentecostés!

              La narración de la Transfiguración me da dos alternativas para vivir mi discipulado:  o me quedo como Pedro en la primera parte del Evangelio, de espectador, asombrado por los momentos gloriosos de Jesús, de sus milagros, de sus victorias, de sus grandes sermones, pero desde afuera, desde lejos, sin implicarme en su vida.  O, acepto escuchar la Voz del Padre que me invita a escuchar, a obedecer, a tomar una postura inclusiva y que me reenvía al verdadero camino, al del seguimiento de Jesús.

              Hoy, al igual que Pedro, siento que el Señor me ha tocado, me ha invitado a levantarme y me ha dicho que no tenga miedo.  La Palabra me invita hoy a recordar tantos momentos de gracia, de profunda alegría donde he experimentado mi vida llena de luz y transfigurada, para confirmar la opción de vida que hemos hecho por fe, y poder afrontar con serenidad y confianza los momentos duros y difíciles que nos toca pasar a todos. 

              Hoy en Puerto Rico, para mucha gente la realidad les está resultando muda, fría y nosotros como cristianos, estamos llamados a hacer posible que dentro de esa oscuridad podamos revelar y transfigurar el Rostro del Dios que siempre nos habla con un lenguaje lleno de Esperanza.